Longevity

Simón Saura, exconcejal, 93 años: “En el 62 me detuvieron por manifestarme; en La Modelo me dieron una paliza, pero fui un privilegiado”

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Concejal durante dos décadas en el Ayuntamiento de Sabadell, Saura ha defendido una política de proximidad basada en el arraigo vecinal y la escucha activa

Hoy continúa implicado en la vida cultural y asociativa de la ciudad como escritor, dinamizador de entidades y memoria viva de su comunidad

Simón Saura Conesa, a sus 93 años. 

Simón Saura Conesa, a sus 93 años. 

R. Mayoral

“Solo existe el ahora; lo demás es imaginación”, dice Simón Saura Conesa (Cartagena, 1932) la víspera de viajar a Etiopía. Mañana volará con una de sus hijas y su nieto. No se alojará en hoteles: dormirá en casas particulares, en pensiones sencillas, compartirá mesa y conversación con desconocidos. Viajar, para él, es convivir. Y convivir es, también, su forma de entender la vida.

Figura clave de la historia social y política de Sabadell —concejal durante dos décadas, militante socialista, preso del franquismo y autor de once libros—, ha construido su trayectoria desde la proximidad: en la empresa, en el barrio, en las asociaciones, en la cultura. Escultor autodidacta, lector voraz y coleccionista de pipas —tiene tantas que ni él mismo sabe cuántas—, no mide el tiempo en años, sino en implicación. “Mientras haya vida comunitaria, hay sentido”.

Entre recuerdos de la posguerra y la muerte de su mujer —“lo más duro de mi vida”— habla sin épica ni resentimiento, con la serenidad de quien ha vivido mucho y sigue en pie. Describe sus días marcados por la lectura y la escritura, pequeñas disciplinas que le ordenan el tiempo. Acude a conciertos y fiestas de barrio no por costumbre, sino por convicción: estar, mezclarse, participar. A un día de volver a África, hoy insiste en que la vida se empobrece cuando uno deja de formar parte de ella.

Está a punto de viajar a Etiopía, a sus 93 años. ¿Qué le empuja a seguir viajando?

Siempre me ha gustado viajar. Empecé por trabajo, como presidente de la Asociación de Directores y Jefes de Personal de Catalunya de la empresa donde trabajaba, y después vino la afición de verdad. He recorrido casi toda América Central y del Sur, mucho de Asia —China, Filipinas, Malasia— y África, sobre todo la África negra: Senegal, Burkina Faso, Mali, Sudáfrica… Esa África me atrae muchísimo. Una vez estuve seis meses recorriéndola en coche. Al principio viajaba solo, después con amigos y últimamente con hijos. Mañana me voy a Etiopía con una hija y un nieto; el año pasado estuve con otra hija en Malasia. Siempre he tenido esa necesidad de salir, de mirar y de aprender.

Usted no viaja como un turista convencional…

Solo he viajado con agencia una vez, a Mongolia. El resto siempre por mi cuenta. No me gustan los hoteles; prefiero pensiones o casas de gente que me acoja. Me interesa recorrer despacio, entrar en los pueblos, hablar con quienes viven allí y entender su día a día. Hace unos años cogí el coche, entré por Almería y salí por Jaén cinco semanas después, atravesando Andalucía pueblo a pueblo. Llegaba, aparcaba cerca del centro y preguntaba en un bar: “¿Aquí alquilan habitaciones?”. Me quedaba dos o tres días y seguía mi camino. Para mí, viajar es eso: caminar, conversar y conocer a las personas del lugar.

¿Qué busca realmente cuando viaja?

Conocer el país, no “ver” el país. Si vas a Barcelona, te alojas en un hotel y haces una escapada a Sitges, eso no es conocer Catalunya; Catalunya es coger un coche y recorrer pueblos, el interior, la vida real. Me interesa cómo vive la gente, cómo se organiza, qué comen o qué piensan. Esa convivencia te enseña. Por eso me gusta repetir países: Etiopía ya la conocí hace catorce o quince años y ahora vuelvo. En los viajes se convive y se aprende muchísimo.

Usted es de Cartagena, ¿por qué acabó viniendo a Cataluña?

Sí, nací en Cartagena en 1932. Pero mi abuela materna vivía en Sabadell, y en los años 50 me vine a vivir aquí para estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona. Siempre trabajé mientras estudiaba. Después de la carrera seguí estudiando: Dirección de Personal en ESADE, me saqué el graduado social... No he sido de quedarme quieto.

Si vas a Barcelona, te alojas en un hotel y haces una escapada a Sitges, no es conocer Catalunya; Catalunya es coger un coche y recorrer pueblos

Simón Saura

¿Cómo fue su trayectoria profesional?

Empecé a trabajar con 19 años. Mi primer trabajo fue en el Banco Sabadell, solo duré un día. Enseguida mi primo me buscó trabajo en Construcciones Eléctricas de Sabadell, de Antoni Forrellat. Luego entró capital sueco y pasó a llamarse ASEA-CES. Me quedé siempre en la misma empresa. Entré con categoría de “pinche” en oficina y terminé como director de personal. Cuando entré había 80 obreros; cuando salí, 800. Al estar desde el inicio, conocía a los trabajadores desde que entraban. Cuando había conflictos o problemas, venían a mí. Siempre me ha gustado el contacto humano. Hoy todavía quedo con algunos que entraron de aprendices con 14 años.

Siempre fue una persona comprometida. ¿El compromiso social se aprende o se siente?

Las dos cosas: se aprende y se siente. Para aprenderlo tienes que sentirlo, y si lo sientes, es que lo vives. Me viene de tradición: mi padre era socialista. Con Franco eso trajo problemas. En casa se vivía un ambiente antifranquista, y eso te marca desde pequeño.

Simón Saura Conesa. 
Simón Saura Conesa. R. Mayoral

Y por sus ideas acabó detenido y lo llevaron a la Modelo…

En el 62 hubo una huelga de autobuses y, por manifestarnos, nos detuvieron. Yo acabé en comisaría, y después en La Modelo. Me dieron una paliza, pero aun así fui un privilegiado. Estuve solo unos catorce días en prisión. Mi mujer movió algunos hilos para que me soltaran, y no me juzgaron. En cambio, algunos de mis compañeros estuvieron más de ocho meses allí dentro.

Fue concejal en Sabadell durante dos décadas. ¿Qué le enseñó ese cargo?

Entré con el primer ayuntamiento democrático y coincidí con Antoni Farrés, que fue alcalde de 1979 a 1999. Aquella época fue la de construir la ciudad. Había barrios sin asfaltar, sin agua, sin luz, sin cloacas. Fueron 20 años de explosión de bienestar: asfalto, aceras, árboles, servicios. Luego otros alcaldes hicieron otra capa: bibliotecas, centros cívicos, equipamientos. Yo me encargaba de la relación con entidades y asociaciones, y eso lo he mantenido toda la vida.

¿Cree que ha cambiado la política respecto a la de antes?

La política municipal de entonces estaba basada en lo básico: había que hacer ciudad. Ahora los problemas son otros, pero yo siempre he defendido la relación con entidades, con asociaciones, con el barrio. Para mí, la política empieza en el barrio y en vivir pegado a la gente.

¿Qué papel juega la cultura en su vida?

Es fundamental. Me gusta la ópera y la música clásica. Voy a conciertos, a actividades de entidades, a fiestas mayores. Muchas veces voy solo, pero no estoy solo: cuando has estado tantos años y has ido tantas veces, ya te conocen, te saludan, hablas, te relacionas. Eso es vida. Presumo, por ejemplo, de ser socio de Juventudes Musicales y de la Academia de Bellas Artes desde hace unos 70 años.

Pertenezco a un grupo de lectura, voy a conciertos, fiestas mayores o actividades de entidades; eso te mantiene vivo

Simón Saura

¿Cómo se explica su vitalidad a los 93 años?

Para ser vital a mi edad hay que hacer dos tipos de trabajo: físico e intelectual. Si te jubilas y te vas al bar a jugar a cartas o a ver la televisión, te apagas. Yo tengo un terreno en Cunit y allí hago trabajo físico tres o cuatro horas al día: plantar, regar, limpiar, poner piedras. No es gimnasia, es trabajo de verdad. Y luego leo y escribo cada día. Llevo siempre tres libros a la vez: uno para la playa y dos para casa. Además, pertenezco a un grupo de lectura en Cunit. También voy a conciertos, fiestas mayores, actividades de entidades. Eso te mantiene vivo.

¿Qué le gusta leer?

Me apasiona el mundo antiguo: Mesopotamia, Egipto, Roma, Grecia. Estudié egiptología tres años en la universidad, por la tarde mientras trabajaba. He estado varias veces en Egipto. Me fascina el origen del lenguaje, del alfabeto, de las primeras civilizaciones: cómo se empezó a hablar, cómo nacieron las letras, cómo se organizaron los pueblos. Leo mucho ensayo, aunque también novelas bien ambientadas. Me interesa comprender de dónde venimos.

¿Cómo se siente con su edad?

No pienso que tenga esta edad. A veces veo a gente de mi edad y pienso: “¡Qué viejos!”, y luego me doy cuenta de la edad que tengo. Me noto mayor cuando el cuerpo me limita: si quiero subir una montaña y ya no puedo, o me canso más. Pero mientras pueda caminar, ir a conciertos, escribir, bailar sardanas… ¿Por qué sentirme viejo? Yo bailo sardanas desde los años 50; el año pasado me declararon “sardanista del año” en Sabadell.

Vive solo, aunque sus hijas están cerca. ¿Ha sentido soledad?

La soledad la sentí de verdad cuando murió mi mujer, María Dolores Sánchez. Se fue muy joven, con 40 años, y me dejó con siete hijos. Eso fue lo más duro de mi vida. Los diez primeros años lo pasé muy mal. Después tuve una compañera, Chelo, durante diez años; lo pasé muy bien, viajamos, hacíamos vida juntos… pero era distinto. Mi primera mujer estaba metida en la sociedad, en política, en entidades: era una luchadora y también escribía. Éramos muy compañeros.

La soledad la sentí de verdad cuando murió mi mujer; estaba metida en política, éramos muy compañeros

Simón Saura

Usted es creyente. ¿Qué lugar ocupa la fe en su vida?

Soy cristiano católico y practicante. He leído sobre muchas religiones por interés cultural, pero mi fe es la cristiana. Creo que de algún modo me encontraré con ella, con mi mujer, y con mis padres. Yo siento que nos protegen, como si tuviéramos guardianes. No lo digo como algo espectacular, lo digo como una convicción tranquila. La vida es la vida, y la fe forma parte de cómo la entiendo.

Ha publicado once libros. ¿Cuándo empieza su relación con la escritura?

De muy joven. En Cartagena, cinco fundamos una revista literaria: Cuarta Posición. Al llegar a Sabadell, presenté un escrito al premio de la Caja de Ahorros. En la empresa fundamos un boletín informativo mensual; yo era el director. También en el barrio de la Concordia montamos un boletín vecinal. He escrito en muchas asociaciones: Academia Católica, asociaciones andaluzas, Sabadell Sardanista, El Diari de Sabadell. La mayoría de mis libros son sobre Sabadell: historia local, memoria, barrios. Ahora quiero publicar uno infantil, de cuentos, nada que ver con lo anterior.

¿Siente que la vida le ha dado más de lo que esperaba?

No esperaba nada. Uno va viviendo. La vida va saliendo, vas haciendo, vas aprovechando. No es un plan rígido: es vivir y responder. Me preocupan más las raíces que los frutos. Si no tienes raíces, no fructificas. Las raíces son aprovechar cada momento, estar activo, relacionarte, hacer cosas. Solo existe el ahora. Y yo procuro aprovecharlo.

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