Regresaron los malos hábitos del Madrid y se acabó su breve fiesta. Patinó en El Sadar, donde no perdía desde hace 15 años, una eternidad en el fútbol. Campo de difícil gestión, en cualquier caso, para los rivales del Osasuna. Público apasionado, ambiente a la inglesa, casi siempre expuesto en estas fechas a los rigores del General Invierno. No en esta ocasión. Temperatura amable, césped en estupendas condiciones y expectación por la respuesta del Madrid a las noticias más recientes: liderato en la Liga, competente desempeño en los dos últimos partidos –Real Sociedad y Benfica– y resaca de la tensa noche en Lisboa.
Respondió mal en el primer tiempo y se estrelló cuando se sospechaba la remontada. Las críticas apuntarán a Arbeloa. Retiró a Valverde del campo cuando el uruguayo empezaba a derribar las líneas defensivas del Osasuna. El empate del Madrid llegó después de una de sus imponentes conducciones. Atravesó la defensa como Moisés partiendo las aguas y le dejó la pelota lista para el gol de Vinícius. Dos partidos consecutivos con sequía de Mbappé y goles del brasileño, datos para que los polemistas se diviertan.
Mbappé sesteó y volvieron las inhibiciones de las estrellas en los marcajes
Se retiró Valverde y, poco después Arda Güler, sustituido por Ceballos, futbolista extraño. Pasa de residual durante largas temporadas al elogio periodístico durante breves semanas, pero la realidad es que su tiempo en el Real Madrid hace tiempo que pasó. En Pamplona apenas jugó una docena de minutos, los de una previsible avalancha del Real Madrid después del empate. Lejos de producirse, la ofensiva se gripó. El Osasuna aprovechó eso del segundo aire, tan propio del boxeo, y volvió a disfrutar del balón, el vértigo y las llegadas al área del Madrid.
El duelo se resolvió en los minutos que el Madrid suele aprovechar como pocos equipos en el mundo. En el minuto 90, Ceballos, torpón y lento en dos acciones anteriores, regaló un pase atrás a Lucas Torró, comienzo de un incendio que terminó con un prodigio de Raúl García de Haro, altísimo delantero que suele oficiar de suplente del croata Ante Budimir.
El delantero croata de Osasuna Ante Budimir celebra su gol ante el Real Madrid
Su solución a la jugada fue brillante por osadía, agilidad, recursos técnicos y sangre fría. Aunque su regate a Asencio fue perfecto –lo dejó tirado en el área–, más notable fue su definición ante Courtois, el portero que más intimida a los delanteros rivales en los mano a mano. Raúl García de Haro no se inmutó. Eligió palo y cruzó un tiro tan preciso como elegante.
No fue un gol afortunado, ni inmerecido. El equipo navarro se impuso con claridad al Madrid en la primera parte y se levantó de la lona en la segunda. Budimir amargó la tarde a Alaba, sorprendente titular, y confirmó que sus 34 años no son nada en el fútbol. Cada temporada funciona mejor. Ya es el máximo goleador en la historia del Osasuna. Marcó de penalti, después de una grave incomunicación entre Courtois y Asencio. El VAR vigiló de cerca y detectó el pisotón del portero a Budimir, que minutos antes había estrellado un remate en el palo.
La jugada resumió el mal partido del Real Madrid, flojo de remos en la primera parte. Fuera de alguna incursión puntual de Vinícius, no hubo más. Mbappé sesteó y volvieron las inhibiciones de las estrellas en los marcajes. Un equipo (el Osasuna) se empleaba como si no hubiera un mañana y el otro jugaba a la brisca. Tampoco fue apoteósica la reacción en el segundo.
Al contrario, el empate fue cosa de un jugador, Fede Valverde. Abandonó el partido poco después y el Real Madrid volvió a las deficientes rutinas que le caracterizaban hasta hace tres semanas.