Josep Maria Vilà,bioquímico, superviviente de un trágico accidente de montaña:

“Mi parte emocional estaba anulada, solo funcionaba la racional”

Tengo 52. Nací en Barcelona y vivo en Ciudad de México desde hace 7 años. Casado, tengo dos hijas. ¿ Mi política? Libertad, honestidad y transparencia, y los políticos vocacionales. Es emocionante cuando no son mediocres, sino honrados, íntegros y consecuentes. Odio el populismo. Soy ateo. (Foto: Llibert Teixidó)

¿Todavía piensa en aquel 30 de diciembre del 2000?

Lo tengo superado, pero está presente, ha marcado mi vida y formará parte de mí siempre.

Era un soleado día de diciembre.

Un día perfecto para hacer esquí de montaña. Éramos cinco: mi novia, con la que me casaba en mayo tras cinco años juntos, otra pareja y un amigo. Elegimos el Balandrau porque es una cima muy fácil.

¿En qué momento se torció todo?

Al mediodía entró un viento de más de 100 km/h, con rachas de 120 km/h que se mantuvo doce horas. Nos tiró al suelo y empezó a arrastrar la nieve lanzándola contra nosotros. La sensación térmica bajó a -40 ºC.

¿Dónde estaban?

Subiendo hacia la cima, todavía con las pieles puestas. El viento hacía un ruido ensordecedor, no nos oíamos y no nos veíamos. Intentamos bajar, pensamos que a menor altura sería menos fuerte, y entonces una avalancha atrapó a Mónica y a Oriol.

¿Consiguieron sacarlos de la nieve?

Sí, pero tardamos horas. A Mónica la liberamos antes. Oriol quedó enterrado hasta el pecho. Tuvimos que cavar hasta las fijaciones del esquí para liberarlo mientras el viento nos volvía a cubrir. Nos íbamos congelando. Fue un esfuerzo brutal.

¿Se discutió qué hacer?

Oriol, que era el más experimentado, dijo que cada uno se ocupara de su pareja y que él bajaría a buscar ayuda. Estábamos agotados y congelándonos. Mónica y yo caminábamos delante y nos fuimos separando. El viento abrió la distancia. Fue la última vez que los vi.

¿El frío va calando?

Sí, te va debilitando. Mónica dejó de andar y tuve que arrastrarla. Luego me dijo que no veía. Después me preguntó quién soy y entendí que estaba perdiendo la conciencia y que no podíamos seguir.

¿Y decidió pasar la noche allí?

Encontré una roca grande y nos pusimos detrás. Enterrados en la nieve estábamos más protegidos, como un iglú improvisado, pero ella murió esa noche.

¿Lloró?

No. Ni cuando me despedí sabiendo que no iba a pasar la noche ni cuando la vi muerta a mi lado. Le cubrí la cara con mi forro polar, que podía habérmelo puesto yo, pero quería que la encontraran bien. No salió ninguna lágrima. Mi parte emocional estaba anulada, solo funcionaba la racional. Sobrevivir.

¿Al amanecer qué hizo?

Pensaba que si descendía saldría de allí, pero ya estaba desorientado. A los pocos metros me encontré a Oriol. Estaba muerto. Ahí entendí que ninguno había sobrevivido a la noche y que estaba solo. Seguí bajando hasta que el torrente se convirtió en cascadas heladas y me quedé atrapado entre dos saltos de agua. No podía subir ni retroceder.

¿Cómo pasó la segunda noche?

Fue la peor. Sin protección. Sobre hielo. Me metí en una oquedad de la roca intentando no tocar el hielo. Solo pensaba en aguantar.

¿El cuerpo le respondió?

El tercer día empecé a vomitar y tenía temblores muy violentos que no podía controlar; me dolía el cuerpo de tiritar; gritaba. La mente seguía consciente, pero estaba muy débil. Era duro: el cuerpo se estaba apagando.

¿Aceptó la muerte?

Sí. Con tranquilidad. Quería dejar de sufrir. Me metí en la roca y me dispuse a dejarme ir. No vi luces ni nada extraño. Estaba consciente. Simplemente el cuerpo se apagaba.

¿Y entonces oyó el helicóptero?

Sí. Más bajo que los otros. El ruido no se iba. Me destapé y lo vi encima de mí. Sentí una felicidad enorme, supe que no me iba a morir.

¿Cuando llegó al hospital, cómo estaba?

Durante días seguí en modo supervivencia. Conté lo ocurrido sin emociones. Decían que estaba en shock, pero yo me sentía consciente. Simplemente no tenía sentimientos. Las lágrimas llegaron más tarde.

¿Se sintió culpable?

Sí. Sientes que tú te has salvado y ellos no, que algo hiciste para ti que no hiciste por los demás, como si les hubieras fallado. Con el tiempo entiendes que no había nada que hacer, pero esa sensación pesa durante años.

¿Necesitó ayuda para superarlo?

No. Mi terapia fue enfrentarme. Volví al torrente meses después. Necesitaba controlar la historia para que no me controlara a mí.

¿Cambió como persona?

Al principio decía que era el mismo. Con el tiempo entendí que sí. Decidí que la historia no me dominara a mí. Me enfrenté a todo eso. Y soy más fuerte y más optimista.

¿Qué siente cuando oye el viento fuerte?

No me asusto. Pero me lleva allí. El viento no es uniforme, sacude. Igual que el frío seco o el ruido de una cascada. Pasé dos días oyendo una cascada detrás de mí. Es inevitable que me transporte.

Vida nueva: ¿regalo o responsabilidad?

Una segunda oportunidad que hay que aprovechar. Vivirla, ser optimista, disfrutarla.

Mostrar comentarios
Cargando siguiente contenido...