El streaming musical de Spotify y otras plataformas, cada vez más cuestionado: ¿hay alternativas reales para los artistas?
Artistas vs Spotify
El modelo que prometía democratizar la música enfrenta una oleada de críticas, boicots y proyectos alternativos
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Los artistas alternativos difícilmente pueden vivir de las plataformas de streaming.

Spotify reparte más de 10.000 millones al año, pero la mayoría de los músicos sigue sin poder vivir de su arte. Entre plataformas que concentran el control y sistemas que priorizan lo previsible, crece una oleada de boicots, retiradas de catálogos y proyectos alternativos. ¿Está el streaming tal y como lo conocemos entrando en una crisis de legitimidad?
La también colaboradora de Neo Paula García relataba cómo cancelar su suscripción a Spotify y volver a un reproductor MP3 cambió su relación con la música. “El acceso instantáneo e ilimitado es fascinante y poderoso; pero, en un mundo lleno de automatismos, darle intencionalidad a nuestra relación con el arte puede ser nuestra mejor arma”, escribía.
Los datos reflejan cambios claros en el consumo: un estudio de Edison Research muestra que el 66 % del tiempo de streaming en EE. UU. Se realiza en servicios de pago, un cambio radical respecto a 2015. Aunque esto confirma que el modelo de suscripción domina, no asegura que sea más ético o justo para los músicos. Y es que el acceso ilimitado a la música no necesariamente equivale a una relación más rica con ella.
El dinero, ¿a los artistas?
Spotify se ha consolidado como la plataforma de música más popular del mundo, pero su éxito viene acompañado de tensiones crecientes. Su modelo combina suscripción mensual, publicidad y recomendaciones algorítmicas que organizan el acceso a decenas de millones de canciones, lo que facilita el descubrimiento, pero también genera críticas.
Por un lado, está la cuestión económica. Los ingresos por reproducción que reciben los artistas (calculado como fracciones de céntimo por escucha en muchas plataformas) han sido criticados por no permitir una sostenibilidad real para la mayoría de músicos, especialmente los independientes.
Según ha explicado Spotify a Guyana Guardian, “el malentendido más común es que Spotify y otras plataformas pagan una tarifa fija y uniforme por reproducción. Artistas y usuarios suelen calcular un promedio (Pago total/Reproducciones totales) y asumir que esa es la tarifa. No es así. (…) El streamshare se calcula sumando el número total de escuchas en un mes determinado y determinando qué proporción corresponde a música propiedad o bajo el control de un titular de derechos concreto. Por tanto, y en contra de lo que se ha podido escuchar, Spotify (y otras plataformas) no paga ‘royalties’ a los artistas con arreglo a una tarifa fija por reproducción —así como los oyentes no pagan por cada escucha. Las cantidades que reciben pueden variar en función de cómo se consuma su música y de los acuerdos que tengan con sus sellos o distribuidores”.
Spotify (y otras plataformas) no paga ‘royalties’ a los artistas con arreglo a una tarifa fija por reproducción
En su último informe anual Loud & Clear de 2024, Spotify informó que había distribuido más de 10.000 millones de dólares en royalties a la industria musical (la mayor cantidad pagada por una plataforma en la historia de la música), pero estos pagos no van directamente a los artistas, sino a los titulares de los derechos, que pueden ser sellos, distribuidoras y editoriales, y que luego reparten ese dinero según sus acuerdos contractuales con músicos y compositores.
“El streaming ha permitido que millones de personas compartan su música a nivel global de forma sencilla, y eso es algo extraordinario. Pero la paradoja es que el enorme volumen de creadores hace que, proporcionalmente, parezca menor la fracción que alcanza el éxito con el tiempo. La realidad es que, gracias al streaming, más artistas que nunca están generando ‘royalties’ en todas las etapas de su carrera. Más que en ningún otro momento de la historia de la música”, explican desde Spotify.
Actualmente hay más artistas que nunca generando ingresos en Spotify, pero sólo unos pocos miles de artistas reciben grandes cantidades: casi 1.500 ganaron más de un millón de dólares en 2024, mientras que la mayoría percibe ingresos mucho más modestos debido a su forma de reparto.
Algoritmos y protestas
Además de la cuestión económica, también está el peso de los algoritmos en la visibilidad de los artistas. Playlists editoriales y recomendaciones automáticas condicionan qué canciones circulan y cuáles quedan enterradas en el catálogo. Liz Pelly explica en su libro Mood Machine (2025) cómo estas herramientas no son neutrales y priorizan contenido que funciona con los modelos algorítmicos, más que la diversidad o la creatividad.
A esto se suman decisiones personales polémicas, como la inversión del ex CEO de Spotify Daniel Ek en la empresa alemana Helsing, dedicada a tecnología militar basada en inteligencia artificial, que generó críticas de artistas y colectivos musicales, que cuestionan la relación entre sus obras y proyectos con implicaciones éticas y bélicas.
Figuras como Neil Young o Taylor Swift han retirado temporalmente su catálogo para denunciar políticas de contenido o exigir un modelo de remuneración más justo
Esta no es la primera vez que músicos han cuestionado decisiones vinculadas a la plataforma; figuras como Neil Young o Taylor Swift han retirado temporalmente su catálogo para denunciar políticas de contenido o exigir un modelo de remuneración más justo. Actualmente, bandas como Massive Attack, King Gizzard & the Lizard Wizard, Deerhoof o los catalanes Surfing Sirles también lo han hecho.
¿Cuáles son las alternativas?
Apple Music paga más a los artistas que Spotify gracias a su enfoque basado únicamente en suscripciones, pero como Amazon Music o YouTube Music, continúan ofreciendo pagos bajos a los músicos y operan bajo estructuras centradas en la maximización de beneficios y el control de datos. Plataformas como Bandcamp o Qobuz permiten que los artistas perciban la mayor parte de los ingresos y fomentan la interacción directa con el público, pero no ofrecen la cobertura global ni la facilidad de descubrimiento de los gigantes del streaming.
Entonces… ¿Volvemos a lo físico? Sin duda, es una tendencia en auge: las ventas de vinilo superaron los 40 millones de unidades en EE. UU. En 2025, niveles no vistos desde los años noventa. Muchos oyentes compran discos aunque no tengan tocadiscos, valorando el vinilo como objeto cultural y como forma de poseer música en un contexto dominado por el acceso temporal. CDs, iPods antiguos o reproductores pueden volver a entrar en la ecuación.

Pero más allá de los hábitos individuales, el cuestionamiento del streaming también se está articulando en forma de debate colectivo. En Oakland (EE. UU.), músicos independientes y oyentes crearon “Death to Spotify”, una serie de charlas sobre cómo descentralizar la producción, el descubrimiento y la escucha de música fuera de la lógica capitalista. Algunas de sus consignas son claras: “abajo la escucha algorítmica, abajo el robo de royalties, abajo la música generada por IA”.
Spotify y las nuevas herramientas de creación musical
Sobre la música generada por IA, Spotify añade: “En el mejor de los casos, la IA está abriendo nuevas e increíbles vías para que los artistas creen música y para que los oyentes la descubran. En el peor de los casos, puede ser utilizada por actores malintencionados y granjas de contenido para confundir o engañar a los oyentes, inundar el ecosistema con contenido de baja calidad e interferir en el trabajo de artistas auténticos que intentan desarrollar su carrera. Hoy, nuestros esfuerzos en esta área se centran en lo siguiente: Implementar reglas más estrictas contra la suplantación, un filtro de spam musical y ayudar a desarrollar y apoyar el nuevo estándar de la industria para declaraciones de uso de IA en los créditos musicales”. El debate sobre la IA en las plataformas está servido.
En Barcelona, el debate sobre alternativas al streaming ha cristalizado en La Instrumental, un proceso abierto que reúne a artistas, oyentes y programadores para repensar la música digital de forma colectiva. Su manifiesto denuncia cómo el modelo de streaming precariza a las artistas y facilita la circulación de música generada por IA, favoreciendo los intereses de corporaciones y grandes inversores.
Hace ya tiempo que muchas artistas sufrimos las humillantes condiciones de Spotify
“Hace ya tiempo que muchas artistas sufrimos las humillantes condiciones de Spotify: pagos miserables a cambio de chapotear, alienadas y atomizadas, en la piscina infinita del streaming… Nos agotamos, y el significado de lo que hacemos se agota con nosotros”, explican en su manifiesto. Frente a esta situación, proponen imaginar alternativas. “Tenemos algunas ideas como artistas, como músicas, como desarrolladoras de software y también como consumidoras de cultura. Imaginamos alternativas no capitalistas a las plataformas de streaming: plataformas horizontales, cooperativas, de código abierto y federadas que remuneren de forma justa a las artistas”.
Así empieza su iniciativa FairPlayer, una plataforma formada por artistas, ingenieros y amantes de la música que se define a sí misma en desarrollo “para escuchar música de forma ética, libre y comunitaria”. El proyecto se define como en proceso, recién empezado.
Más que un rechazo frontal a la tecnología, lo que se observa es una reapertura de la pregunta sobre cómo debería organizarse la música en la era digital. Mientras las plataformas consolidan su poder, surgen prácticas, debates y proyectos que exploran otras maneras de producir, distribuir y escuchar música.

