Más incertidumbre que certeza en la antesala del retorno de Puigdemont

El panorama político

La relación con el PSOE sigue en un limbo y la financiación no acerca posiciones

Fugitive Catalan independence leader and MEP Carles Puigdemont arrives for a meeting with Catalonia's president at the Delegation of the Government of Catalonia to the European Union in Brussels, on September 2, 2025. (Photo by Simon Wohlfahrt / AFP)

Carles Puigdemont, en Bruselas el pasado mes de septiembre

SIMON WOHLFAHRT / AFP

Pedro Sánchez situó la aplicación de la amnistía como uno de los hitos para este nuevo año, con el ánimo de poder mantener viva la legislatura y recomponer los puentes rotos con Junts si se aplica el olvido penal a Carles Puigdemont. La reforma del modelo de financiación que se presentó el viernes, pactada con Esquerra y a la que JxCat se opone, persigue ese mismo propósito.

Pero el retorno de Puigdemont, previsto para esta primavera, es además un hecho que condiciona la vida interna de su partido, en cuya sala de espera hay más zozobra que certeza. El informe favorable del abogado general de la Unión Europea sobre el olvido penal dio oxígeno a los líderes independentistas, pero la justicia se toma su tiempo, y el Tribunal Constitucional no se pronunciará sobre los recursos pendientes hasta conocer el fallo europeo.

Aunque el liderazgo del expresident es indiscutible, hay quien aboga por empezar a preparar el relevo

En Junts tampoco habrá movimientos hasta que regrese Puigdemont, de cuya investidura como presidente de la Generalitat ayer se cumplieron diez años. Sí se da por descontado que no estará en el día a día en el Parlament, y en su escaño sigue un lazo amarillo, ocho años después.

“Estoy convencida de que el país le espera y de que habrá un recorrido por toda Catalunya como líder de un momento clave”, dijo la presidenta de los posconvergentes en la Cámara catalana, Mònica Sales. Pero nadie revela si dejará su escaño o si tiene intención de repetir como candidato a la presidencia de la Generalitat, aunque Antoni Castellà, uno de sus hombres de confianza, diera por hecho hace poco que sí. La respuesta que siempre se da desde la dirección es que “tiene que poder elegir lo que hará”.

Mientras hay quien apunta que el retorno puede suponer “un revulsivo” para los posconvergentes, también hay dirigentes que creen que una vez haya regresado, “con todos los honores y un homenaje como es debido”, conviene preparar el mañana y dar paso a nuevos liderazgos.

No en vano se decía hace un año que el congreso de Calella de octubre del 2024 era de “transición”. El movimiento reciente de situar a Sales y a Salvador Vergés al frente del grupo del Parlament, tras nombrar a Albert Batet adjunto a la presidencia, más allá de calmar los ánimos en el agitado mundo municipal, va en esa línea. Los alcaldes pedían más peso para Vergés, una de las figuras que han ganado enteros y que han entrado en las quinielas de sucesión.

Aunque el expresident tiene una intensa agenda de reuniones con representes de diversos ámbitos y sectores sociales y económicos en Waterloo, en la dirección posconvergente hay quien opina que es preciso que pise suelo catalán para coger el tono y captar en primera persona cuál es la fotografía catalana actual, y que ello, a la postre, puede provocar alteraciones en la hoja de ruta.

Aunque el liderazgo del expresident es indiscutible, hay quien aboga por empezar a preparar el relevo

Por todo ello, en el espacio político posconvergente, en el que dirigentes históricos que no se han enrolado a Junts observan con preocupación el momento actual y con temor de devenir irrelevantes, hay quien aguarda al retorno de Puigdemont para que cambien las cosas. Eso no pasaría solo por potenciar nuevos liderazgos, opinan fuentes consultadas. También por modular el discurso en una Catalunya en la que el procés cada vez queda más lejos y relegado por otras materias, como los servicios públicos, la inmigración, la presión fiscal, la crisis de la vivienda o la inseguridad. Asuntos que antes quedaron en un segundo plano. Es a estos temas a los que los alcaldes quieren poner el altavoz y no a la amnistía.

Desde el mundo municipal de JxCat se ha pedido reaccionar ante el crecimiento demoscópico de Aliança Catalana. Pese a que el partido desacredita los sondeos, fuentes de Junts combinan la denuncia del uso de las encuestas para crear una tendencia determinada y debilitar a su partido con dar crédito a que los de Sílvia Orriols van ganando terreno.

Entre los posconvergentes hay voces que piden una reacción para no devenir irrelevantes

Por otra parte, la relación con el PSOE, rota desde octubre y con la mesa de negociación de Suiza congelada por si alguien decidiera retomar la negociación en el futuro, está en un limbo, y la financiación no acerca posiciones. Junts dejó una pequeña rendija para revertir el divorcio si los socialistas dan la vuelta a la tortilla y cumplen con todo aquello que habían prometido. Apoyar una moción de censura no está sobre la mesa, pero retomar la relación con Sánchez es un escenario muy remoto aunque se apruebe en este primer trimestre la ley para luchar contra la multirreincidencia.

Con el nuevo modelo de financiación puede haber también cierto margen para que no muera la propuesta en el primer examen, pese a la oposición frontal de JxCat, ya que su enmienda a la totalidad, con texto alternativo, no será apoyada por PP y Vox. Para matar el proyecto, Junts debería votar la devolución de los populares y los ultranacionalistas.

Además, JxCat también tiene Barcelona como asignatura pendiente. A poco más de un año de las municipales, con varias vías abiertas para la elección del candidato, no se ha despejado la incógnita... Ni el riesgo de primarias. Sobre la mesa siguen solo los nombres de Josep Rius y Jordi Martí, porque los otros candidatos sondeados declinan de momento la oferta de ser una tercera vía entre esos dos concejales.

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