La policía tailandesa se disfraza de león del Año Nuevo Lunar para arrestar a un ladrón

Una detención singular

El presunto ladrón, un hombre de 33 años, ha sido acusado de haber entrado a robar hasta en tres ocasiones este mes en la vivienda de un comandante de la policía local en Bangkok

La policía tailandesa se disfraza de león del Año Nuevo Lunar para arrestar a un ladrón
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La policía tailandesa se disfraza de león del Año Nuevo Lunar para arrestar a un ladrón 

Dicen que los troyanos aprendieron demasiado tarde que no todos los regalos son inocentes. Aquel caballo de madera, majestuoso y aparentemente inofensivo, escondía en su vientre la caída de una ciudad. 

Siglos después, en pleno Año Nuevo lunar —marcado esta vez por el caballo de fuego—, la metáfora volvió a galopar, aunque esta vez sin madera ni murallas pero sí bajo las telas y lentejuelas del disfraz de un león y una coreografía perfectamente ejecutada.

Antes del arresto, los policías confesaban haber estado bailando en la feria “metidos en el personaje”

En una feria celebrada en un templo de Nonthaburi (Bangkok), bajo el colorido traje que avanzaba al ritmo de los platillos no se ocultaban artistas, sino agentes decididos a cerrar el cerco sobre un sospechoso escurridizo. El engaño, esta vez, no buscaba conquistar una ciudad, sino inmovilizar a un hombre. 

En las imágenes que preceden al texto, se puede ver cómo la policía tailandesa, disfrazada de bailarines de danza del león, arrestaba a un hombre de 33 años acusado de haber entrado a robar hasta en tres ocasiones este mes en la vivienda de un comandante de la policía local en Bangkok. Antes del arresto, los policías confesaban haber estado bailando en la feria “metidos en el personaje”.

En un comunicado, la policía ha señalado que ha intentado arrestar al hombre en varias ocasiones por el robo de objetos valorados en unos dos millones de baht (unos 54.000 euros) de la casa del comandante. Sin embargo, este siempre detectaba rápidamente a los agentes y huía. Tras rastrear la venta de los objetos sustraídos, la Policía sabía que frecuentaba los templos en Nonthaburi y esperó pacientemente a su gacela.

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Y así, entre el estruendo festivo de los platillos y el ir y venir de los fieles, el león terminó su danza no con una reverencia, sino con unas esposas. No hubo ciudades en llamas, pero sí un sospechoso sorprendido por aquello que parecía puro espectáculo.

Si en Troya el caballo fue el principio del fin, en Nonthaburi el disfraz fue el final de la huida. Cambian los siglos, cambian los escenarios y los materiales, pero la lectura se intuye: a veces el engaño no llega para destruir una ciudad, sino para cerrar una historia.

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