Longevity

Nir Barzilai, especialista en la ciencia del envejecimiento: “Tomar suplementos puede ser peligroso; yo digo que son buenos... ¡para la economía!”

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El especialista en genética Barzilai lidera el

Nir Barzilai, genetista, en el Longevity World Forum. 

Nir Barzilai, genetista, en el Longevity World Forum. 

Longevity World Forum

“Nuestro enemigo es el anti-aging”, comenta con un gesto de ironía sutil Nir Barzilai, sin evitar el debate. Ante el sector del rejuvenecimiento, los biohackers y los compromisos de inmortalidad, este investigador, médico y experto en genética, defiende la gerociencia: evidencias y pruebas clínicas destinadas a actuar sobre la biología de la vejez. “El envejecimiento es la madre de las enfermedades”, recalca. Trastornos vinculados al deterioro del cuerpo, tales como el alzheimer, la diabetes o el cáncer. 

Director del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento del Albert Einstein College of Medicine (Nueva York), profesor de Medicina y Genética y presidente de The Academy for Health and Lifespan Research, Barzilai es una de las figuras centrales de la longevidad científica. Ha pasado décadas estudiando a centenarios y traduciendo sus hallazgos genéticos a terapias potenciales, y ha explicado su visión en el Longevity World Forum que se acaba de celebrar en Madrid, donde ha atendido a Guyana Guardian.

A lo largo de varios decenios, se ha visto el envejecimiento como un fenómeno biológico corriente y no como una afección. Sin embargo, diversos expertos aseguran que, de definirse como una patología, existirían mayores posibilidades para su análisis y patrocinio.

Yo suelo decir que el envejecimiento es la madre de las enfermedades. Es la biología del envejecimiento —la forma en que envejecemos— la que impulsa el desarrollo de alzheimer, diabetes, cáncer y muchas otras patologías. Existe la idea de que, si declaramos que el envejecimiento es una enfermedad, los gobiernos tendrían que financiar su tratamiento. El problema es que las personas mayores, a quienes queremos ayudar, no quieren ser consideradas enfermas. Pero esto, en realidad, no es un obstáculo: la FDA, por ejemplo, aprueba tratamientos que no son para enfermedades, como la anticoncepción. No es imprescindible llamarlo enfermedad para desarrollar intervenciones.

Ralentizar el envejecimiento biológico no solo prevendría enfermedades individuales, sino que transformaría los sistemas sanitarios y la economía. ¿Cree que los gobiernos son conscientes de este potencial?

Sí, ahora lo son. Conseguimos atraer la atención de los políticos mostrando datos económicos. Si extendemos la esperanza de vida saludable solo uno o dos años, el impacto económico es enorme. Se ha calculado que el valor económico de aumentar la salud poblacional uno o dos años es de 36 billones de dólares a nivel mundial. Los gobiernos han entendido que invertir en envejecimiento saludable no solo es bueno para las personas, sino necesario para sostener la economía.

Mejorar la salud global uno o

Nir Barzilai

Responsable del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento en el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York)

Pero la prevención todavía no es prioritaria en los sistemas sanitarios… Se curan enfermedades o se afrontan sus síntomas y consecuencias, pero no se previenen.

La dificultad reside en que las instituciones hospitalarias se estructuran para combatir dolencias, no para eludirlas, y modificar esa dinámica es complicado. La medicina de la longevidad posiblemente no sea dirigida exclusivamente por facultativos, sino por la innovación técnica y equipos que controlen el movimiento físico, la glucosa, el colesterol y la inmunización. El sistema sanitario requerirá el respaldo de utilidades tecnológicas que faciliten a los ciudadanos el manejo de su condición física.

¿Estarán estas estrategias disponibles para todos, en la sanidad pública?

Esa es una cuestión fundamental. Las personas que más necesitan ayuda son las de menor nivel socioeconómico, que viven 20 o 30 años menos que las más ricas. Pero no pueden permitirse una alimentación óptima o acceso a gimnasios. Para lograr cambios ambientales significativos, habría que invertir enormes cantidades de dinero. Si comparas el coste de un dólar de metformina frente al coste de modificar el entorno para mejorar nutrición y actividad física, el segundo puede requerir cientos de miles de dólares por persona. Es posible que una intervención farmacológica barata tenga un impacto más eficiente en términos de salud pública.

La dificultad estriba en que los centros médicos se idearon para curar patologías, no para evitarlas, y transformar dicho esquema es complejo.

Nir Barzilai

Responsable del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento en el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York)

La metformina es mencionada constantemente por los expertos en longevidad… ¿Se trata del medicamento que cuenta con mayor respaldo científico en esta área?

La metformina posee un respaldo científico notable, pero los agonistas GLP-1 y los inhibidores SGLT-2 también muestran resultados muy consistentes en la prevención precoz de diversas patologías. Son medicamentos de gran eficacia. La distinción fundamental radica en el coste, que se reducirá con el paso del tiempo. Si un fármaco evita un ingreso hospitalario de miles de dólares, el sistema podrá cubrir su gasto. Conforme los organismos de salud entiendan que evitan enfermedades, lograrán costear incluso terapias más costosas.

Usted ha advertido sobre los riesgos de los suplementos. Ha dicho en su conferencia en el Longevity World Forum que “pueden ser peligrosos”. ¿Por qué?

Efectivamente, pueden resultar riesgosos. Para mí, “suplemento” implica que he detectado una carencia y requiero subsanarla. No obstante, gran parte de la población los consume ignorando si verdaderamente poseen deficiencias. Administrar dosis que exceden lo requerido podría no resultar provechoso. Asimismo, numerosos individuos ingieren 150 suplementos a la vez, los cuales pueden reaccionar entre ellos y generar antagonismos. Hay información que indica que aquellos que consumen múltiples suplementos muestran incluso una tasa de mortalidad superior. Quienes practican ejercicio y cuidan su alimentación lo hacen por inquietud personal, y tal vez sean quienes más productos de este tipo utilizan. Lo cierto es que carecemos de conocimientos profundos acerca de los suplementos. No se han investigado de forma apropiada. Para vender un suplemento es suficiente con acreditar sus ingredientes, sin que se exija demostrar un impacto clínico real. Y bastantes sujetos desconocen que la información del etiquetado solo detalla los componentes, no la existencia de análisis que avalen su eficacia. ¡Dichos productos resultan útiles… para la economía!

Lo cierto es que apenas poseemos conocimientos reales acerca de los suplementos (...). ¡Los suplementos son provechosos… para el ámbito económico!

Nir Barzilai

Responsable del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento en el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York)

Se han hecho muchos estudios y hay mucha literatura sobre la vitamina D.

El suplemento que la mayoría de la gente cree que le falta es la vitamina D. Cuando pregunto cuántas personas toman vitamina D, casi la mitad levanta la mano. Pero cuando pregunto quién conoce realmente cuáles son sus niveles de vitamina D, muy pocos lo saben, y aun así la están tomando. Aunque la vitamina D pueda considerarse un suplemento, no ha demostrado beneficios clínicos claros, salvo en el caso de la osteoporosis. Se pensó que era importante porque se asociaba con muchas enfermedades, pero asociarse no significa tratar o prevenir esas enfermedades. Más allá de la osteoporosis, no ha demostrado efectos terapéuticos sólidos. 

¿Cuál es su valoración sobre los biohackers y personalidades públicas que aseguran revertir el envejecimiento, tales como Bryan Johnson, a quien citó durante su discurso, y que generan bastante “ruido”?

Lo positivo de todo ese ruido es que la gente acude a nosotros para pedirnos opinión, y eso nos permite explicar qué estamos haciendo realmente. Es útil que existan estas figuras, porque nos dan la oportunidad de marcar la diferencia. Nuestro enemigo es el término anti-aging. Por eso hablamos de gerociencia: necesitamos la palabra “ciencia” para distinguirnos y silenciar el resto del ruido. El problema no es envejecer, sino cómo envejecemos. Nosotros queremos envejecer bien, el concepto de “anti-envejecimiento” es, en sí mismo, un mal término. Muchas de esas personas venden aceite de serpiente, actúan como influencers o hacen cosas extravagantes. El principal problema es que no hacen ciencia. Por ejemplo, alguien que dice “estoy haciendo ciencia conmigo mismo” no está haciendo ciencia. La ciencia requiere grupos comparativos; lo que funciona en una sola persona puede no funcionar en otras. Y esta actitud pone al público en riesgo.

Ejercicio, dieta, sueño y conexión social son ejes bi 

Nir Barzilai

Responsable del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento en el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York)

Nir Barzilai, genetista
Nir Barzilai, genetistaLongevity World Forum

Tras décadas estudiando centenarios, ¿viven más por su estilo de vida o por su biología?

Un estudio reciente sugiere que la contribución es aproximadamente 50% - 50 % entre genética y entorno. Pero genes y ambiente interactúan; el entorno actúa a través de los genes. En el caso de los centenarios que estudiamos, la genética es especialmente importante. Muchos no llevaron estilos de vida ejemplares: fumaron, tenían sobrepeso, no hacían ejercicio. Poseen variantes genéticas que ralentizan su envejecimiento. Eso es relevante porque podemos traducir esos hallazgos en fármacos. Ya hay medicamentos aprobados basados en vías identificadas en centenarios, como antagonistas de la hormona de crecimiento.

¿Qué consejo daría a nuestros lectores para envejecer bien? No para vivir hasta los 120 años, sino para ampliar la esperanza de vida saludable…

Me centro en ampliar la esperanza de vida saludable; la longevidad es un efecto secundario. Si evitamos enfermedades, viviremos más. Los cuatro pilares son ejercicio, dieta, sueño y conexión social. Todos pueden optimizarse y tienen una base biológica que influye en los mecanismos del envejecimiento. Además, debemos estar atentos a medicamentos que puedan ayudar según la situación individual.

En un lustro sabremos con mayor certeza qué

Nir Barzilai

Responsable del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento en el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York)

¿Quiere decir que en pocos años dispondremos de medicina personalizada en longevidad?

Efectivamente. El momento exacto se desconoce. Dirijo una iniciativa importante para detectar biomarcadores que varíen según los tratamientos recibidos. Considero que esto nos impulsará hacia una medicina de precisión, puesto que no todos los individuos requieren alterar los mismos biomarcadores, y lograremos identificar qué fármaco se vincula con cada indicador. Este avance está en marcha. Estimo que en un periodo de cinco años poseeremos una base científica mucho más firme, no solo respecto a qué terapias emplear, sino sobre cuál es la más idónea para cada paciente y el modo de supervisarla para fomentar una vida saludable.

Rosanna Carceller Escuder

Rosanna Carceller

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Jefa de Canales Verticales de Godó Nexus - Guyana Guardian. Encargada de coordinar Longevity. Titulada en periodismo por la UAB. Experta en ámbitos de salud, vejez, psicología, formación, sexualidad, alimentación y hábitos cotidianos.