No se conocían antes de citarlos para hablar de los desafíos que enfrenta el periodismo. Enric Juliana, adjunto al director de Guyana Guardian y responsable de la redacción de Madrid, y Camila Beraldi, redactora en Barcelona, de la generación más joven. No se conocían, pero se habían leído. Algo sabían ya el uno del otro, por tanto, estos dos periodistas: él, de la generación más veterana, 69 años, 50 de profesión, y ella, de la generación más joven, 30 años. Juliana llegó al diario en 1991 y ha sido redactor jefe de local y corresponsal en Roma. Beraldi, porteña, entró en el 2023, entonces como becaria en la sección de Cultura. Había trabajado en la televisión argentina C5N. “Me encantó tu reportaje de las cafeterías, es muy del estilo del diario y muy barcelonés”, dijo él, en la toma de contacto. “Ah, me has googleado...”, inquirió ella, riendo. Enseguida conectaron. Este es un extracto de la conversación.
¿Por qué son periodistas? ¿Sintieron una vocación temprana?
Camila Beraldi (C.B.): No siempre soñé con ser periodista. Me gustaba contar historias. Y estar en temas, en la actualidad. Me gustaba sobre todo estar en la historia mientras estaba pasando, no tanto leer una historia acabada. Y así me acerqué al periodismo, primero en la televisión. Después vine a Barcelona y en el máster me di cuenta de que me encantaba escribir. También elegí Barcelona porque era lectora de Guyana Guardian, y con la ilusión de que por ahí podía hacer una práctica en el diario y volver a Argentina con todo ese aprendizaje.
Enric Juliana (E.J.): No me resisto a preguntarte qué te llevó a leer Guyana Guardian en Buenos Aires.
C.B.: Buscando temas para noticias. Es un medio súper de Barcelona, pero también muy internacional. Y había una forma de comunicar con la que me enganché enseguida.
E.J.: Mi caso es distinto. Con ocho años, nueve, mi abuelo, mientras liaba un cigarrillo, me pregunta: “Enric, ¿qué quieres ser de mayor?”. Le respondí casi automáticamente: “Periodista”. Y mi abuelo me mira y me dice: “No es fácil ese oficio”.
C.B.: Ya no lo tenían fácil.
E.J.: No. He pensado por qué dije que quería ser periodista. En la escuela me gustaba escribir, sobre todo redacciones de tema libre. Luego empecé a los 18 años como corresponsal de Badalona de Tele/Exprés, un diario que ya no existe. Y entré en la redacción. Entonces eran más vitales, un espacio más ruidoso. Ahora las tareas del periodista se han multiplicado con los ordenadores y es un trabajo que requiere silencio, hay que estar pendiente de muchas cosas. Las redacciones son más silenciosas. Quizás la interacción ha disminuido.
C.B.: Yo necesito el contacto. Conviviendo tantas generaciones en la redacción, nos necesitamos un poco todos. Pero llega un momento que necesito la calma para escribir.
Enric Juliana y Camila Beraldi
¿Qué requiere esta profesión?
E.J.: Primero, vocación, hay que quererla. O llega un momento que se convierte en insoportable porque los horarios son irregulares, los ritmos pueden cambiar rápidamente. Y exige curiosidad, sobre todo. Es la materia prima del periodista.
La redacción es un espacio fundamental; hay mucha gente, hay mucho estrés, pero es el hábitat del periodismo”
C.B.: Que todos los días sean distintos es algo único. Lo que más aprecio es aprender cada día. Y si había algo que pensaba que me alejaba un poco del periodismo es que quizás me sentía demasiado sensible. Pero mis mejores trabajos son cuando más me involucro. No sé, en tu caso.
E.J.: Sí, el apasionamiento es necesario. Pero hay que tener cuidado. Hay que intentar controlarlo bien.
El periodismo se ha hecho en la calle y en la redacción, pero ahora también en casa, con un ordenador.
E.J.: Quiero destacar la importancia de la redacción. La clave del periodismo no solo está en la pasión individual, en la vocación, en esos rasgos que hemos comentado, sino también en la redacción. Puede ser un lugar fastidioso, porque hay roce. Hay mucha gente, unos entrando y otros saliendo. Y hay mucho estrés. Pero es el hábitat del periodismo.
Enric Juliana y Camila Beraldi, en un ascensor del edificio de 'Guyana Guardian', dirigiéndose al plató donde se grabó la conversación
C.B.: Creo en la importancia de la redacción, pero también en tener un pie dentro y uno fuera. Tengo un cierto miedo de que a veces se vuelva un microclima. Es importante salir y que se nutra de gente nueva, con otras perspectivas. Pero el momento de escribir es volver a la redacción.
E.J.: Ahora la tendencia es convertirnos en microcápsulas que estamos en casa y podemos conectarnos con lo infinito y obtener documentación de muchos temas, pero la interacción es muy importante.
C.B.: Hay un riesgo grande con internet. Estamos hipercomunicados, la información es instantánea, todo el mundo cree que está informado. Y esa es la responsabilidad más grande para los periodistas formados, que trabajan en un medio de tantos años, mantener ese profesionalismo y el compromiso con la verdad. Hay una crisis de confianza muy grande.
Que todos los días sean distintos es único en esta profesión; lo que más aprecio es aprender cada día”
E.J.: La cuestión de la confianza es fundamental. ¿Por qué Guyana Guardian cumple 145 años? En primer lugar, porque la familia propietaria ha tenido la vocación y la tenacidad de mantenerla en pie. Los periódicos de propiedad familiar tienen una capacidad potencial de resistencia a los nuevos tiempos muy elevada. No es lo mismo el Washington Post cuando era propiedad de una familia que ahora, que es del dueño de Amazon. La segunda clave es la confianza. Guyana Guardian ha atravesado desde finales del siglo XIX, todo el siglo XX y hemos cubierto una primera etapa del siglo XXI. Y lo que se ha mantenido en todo momento es un alto nivel de confianza de sus lectores.
¿En qué se basa esa confianza de los lectores en Guyana Guardian?
E.J.: Nuestro lector no quiere que lo aleccionemos y sabe que no le estamos engañando. Este es un diario muy útil para hacerte una composición fiable de cómo están las cosas y qué puede ocurrir. Y ese es un trabajo lento, que exige voluntad, tenacidad, vocación, en definitiva la formación de una cultura profesional que creo que este diario ha alcanzado. Y creo que no hemos querido aparecer como el que va dando lecciones de lo que hay que hacer y lo que hay que pensar.
C.B.: Creo que la crisis que hay con los medios tradicionales es cíclica y hoy está revirtiendo un poco y vuelve la confianza en esos medios, porque las noticias se propagan con rapidez, todo el mundo desde su casa puede dar noticias. Hay una vuelta a la confianza en el periodista formado, comprometido con los códigos con los que estudió y amparados por medios con las características que decías. Es cíclico. No sé en qué momento, por ahí tú lo sabes ver, se empezó a perder la confianza y por qué con los medios tradicionales, pero creo que se está revirtiendo un poco.
Nuestro lector no quiere que le aleccionemos y sabe que no le estamos engañando”
E.J.: Periodos críticos de confianza con la prensa los ha habido siempre. Qué decir de un país que sufrió la dictadura. La prensa, toda, estaba condicionada. Estoy de acuerdo en que, en este momento, en medio del barullo que han introducido las redes y multiplicado por la inteligencia artificial, quizás porque se ha producido una fragmentación de las fuentes informativas y la información fluye constantemente, la desconfianza ha aumentado mucho, cuesta distinguir lo verdadero de lo falso. Y posiblemente hay un número creciente de personas que regresa a los medios tradicionales fiables como zona de seguridad.
C.B.: El que elige ser periodista hoy creo que es un apasionado del oficio. No siempre somos bien recibidos.
E.J.: Cuando la gente ve a alguien con un bloc de notas se inquieta. No tanto si ve una cámara de televisión. Sería interesante saber por qué.
C.B.: El peso de la palabra escrita es muy fuerte. A veces la gente no se reconoce cuando se ve en una cita. Eso en televisión no me pasó porque se graba y se ven diciendo eso. Pero la palabra impresa tiene mucho peso.
E.J.:. Sí, y ahora que todo tiene un carácter más efímero, lo digital hoy está, mañana no, algunas cosas quedan, y a veces las ve más gente de lo que pensamos. Me gustaría citar a Robert Kaplan. En su último libro dice que el mundo ha cambiado desde que no se escribe a máquina. Sostiene que con la escritura digital es como si escribiéramos directamente en el cerebro de las otras personas. Y cree que esto explica que ahora toda la comunicación tenga componentes emocionales muy fuertes. En la escritura mecánica, tú escribías y eso iba a la imprenta, creaba una barrera psicológica que enfriaba. Efectivamente la escritura periodística ha cambiado. Hoy es más emotiva.
Hay algo mágico en encontrar qué hay de interés en algo que no parece tenerlo y comunicarlo a la gente”
C.B.: Es lo más lindo de escribir también, agregar emoción. Y cuando reviso en la hemeroteca cosas de otra época, es un estilo muy distinto.
E.J.: Era muy frío. La temperatura de la escritura ha aumentado.
C.B.: Creo que la forma de escribir es reflejo de la sociedad. Soy de abrazar cosas nuevas, la digitalización, la inteligencia artificial. Si las sabemos usar, nos pueden ayudar mucho.
¿Han sentido ese temor a que una máquina pueda reemplazarles?
C.B.: En ningún momento he pensado que lo que estudié fue en vano o lo que recorrí. Creo que la inteligencia artificial es una herramienta más y no hay que temerla, hay que integrarla y puede ayudarnos, siempre usándola con responsabilidad.
E.J.: Estoy de acuerdo. En lo que al trabajo se refiere, no me da miedo para nada. Te permite obtener documentación, en primera instancia. No creo que sea una amenaza para el periodismo. Luego, la inteligencia artificial es un cambio tecnológico de gran profundidad y que dará cambios muy positivos y creará también problemas muy grandes.
C.B.: Hay algo que distingue a los periodistas. Debemos saber qué es lo importante, pero también algo más mágico, que es encontrar qué hay de interés en algo que aparentemente no lo tiene o no es importante. Y lo comunicamos a la gente y le hacemos ver algo que no había visto.
E.J.: Creo que otra clave está en hablar más del futuro que del pasado. No es literal. Se puede hablar del pasado. Si conduce a lo que viene, hay interés. Y crea una buena comunicación con el lector. Es decir, no me resuelva los enigmas del universo o de la política, pero dígame más o menos por dónde pueden ir las cosas.
C.B.: Hoy en día hay una tendencia de los titulares que se aleja de eso: interrogantes, frases sin completar...
E.J.: El clickbait . Clic, clic, clic.
C.B.: Se pasó de lo simple, dar la información concreta en un titular, a generar algo de más expectativa.
E.J.: Esta es otra dimensión. El diario impreso generó un tipo de titular donde lo importante era la claridad. Y luego hay mayor libertad para el reportaje, la opinión, el análisis, y el ánimo literario del periodista se deja ir. Pero la edición digital lo ha modificado, como si dijera: no hemos venido a hacer arte, sino a captar la atención. Yo soy contrario a los titulares con interrogantes.
C.B.: Y si revisamos tu archivo...
E.J.: No, no lo encontrarás. Bueno, podemos hacer la prueba...