Longevity

Noelia Samartin Veiga, doctora en neurociencia: “La clave para la jubilación es que tu identidad no es solo la producción, hay más esferas además del trabajo”

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Replantearse los objetivos personales podría ser la clave para recuperar el equilibrio emocional en la edad séniors, según la psicóloga y doctora en neurociencia, que da algunas pautas para lograrlo cuando ya se han cumplido los 60 años

La doctora Noelia Samartin Veiga. 

La doctora Noelia Samartin Veiga. 

Lorena do Merlo

¿En qué momento la búsqueda de la felicidad —o del bienestar físico y emocional, para no ser tan pretenciosos— se convirtió en una obligación imposible de eludir? La pregunta tiene todo el sentido, ya que hemos pasado de incluir avena en el desayuno, o de asistir a clases de yoga dos veces por semana, a sentirnos como lo más bajo de la sociedad cuando no cumplimos las expectativas.

Estas agendas sin huecos y la urgencia por cumplir con cada uno de sus apuntes han hecho que, según especialistas como la psicóloga Noelia Samartin Veiga, “nos olvidemos de vivir mientras perseguimos la siguiente meta”. Esta idea fue la que impulsó a la doctora en neurociencia a escribir su primer libro, Has venido a vivir (editorial Bruguera, 2026).

Samartin investigó durante ocho años en la Universidad de Santiago de Compostela, centrando su trabajo en el estudio del dolor crónico desde la neurociencia. Hoy acompaña en consulta individual y grupal a personas que conviven con dolor o estrés crónico.

Muchas de las historias que ha escuchado en consulta junto con vivencias propias que la han marcado profundamente, como la infancia vivida con sus abuelos, salpican este libro. Su publicación es un buen momento para conocer la propuesta de Samartin para tener una vida más plena más allá de la jubilación, cuando dejamos atrás la vida laboral, los horarios, la profesión, e incluso en ocasiones, la identidad.

Lleva años escuchando historias de vida, muchas de ellas, narradas por personas en torno a los 60 años. ¿Qué tienen en común esas experiencias?

Lo que más me impresiona de estas personas es que tienen muy claro lo que es importante para ellas y lo que no. Tienen una capacidad de relativización de los problemas impresionante que, en mi opinión, ayuda muchísimo a encajar el paso del tiempo. Esta capacidad es la base para tomar decisiones respondiendo, no reaccionando. Es decir, proporciona “espacio” para ir más despacio.

Algunas de esas vivencias, han acabado recogidas en su libro. ¿Qué fue lo que le empujó a escribirlo?

Por un lado, detecté en mi entorno más cercano cómo la mayoría de la gente vive inmersa en un desgaste y una culpabilidad constante por no ser capaces de mantener las rutinas que se imponen; y por otro, también veía la misma actitud en la consulta. Mis pacientes, independientemente de la edad o del modo vida, solían expresar su sentimiento de culpa con frases como “no hago lo suficiente” o “no puedo con mi vida”. Esto me hizo pensar que quizá necesitamos parar un poco los discursos de “todo lo que podrías estar haciendo, y no lo haces”. Esta idea la conecto con mi infancia y cómo me influyó haber crecido con mis abuelos y ver en ellos un modo de vida completamente distinto al que yo —o las personas que acompaño en consulta— tengo ahora.

La mayoría de la gente vive inmersa en un desgaste y una culpabilidad constante por no ser capaces de mantener las rutinas que se imponen

Noelia Samartin Veiga

Doctora en neurociencia

Hay mucho que aprender de las generaciones anteriores…

Sin duda. Ahora bien, no se puede ignorar que el contexto social no es el mismo. En cualquier caso, tener el referente de mis abuelos me hizo ver cómo las mismas cosas se pueden hacer de manera muy diferente. Y esta experiencia, junto con lo que detectaba en la consulta, me empujó a escribir el libro.

En él analiza vivencias y conductas junto con las emociones que les acompañan. Una de esas emociones es el miedo. ¿A qué se tiene miedo cuando se es mayor?

En consulta he detectado un miedo atroz al dolor y al sufrimiento, pero el temor más frecuente en las personas mayores es la pérdida de funcionalidades, tanto físicas como mentales. Además, cuanto más mayores son, mayor es la preocupación por el dolor ajeno. Es decir, por proteger a las personas de su entorno de todo lo malo que les pueda pasar. Los miedos se disparan hacia afuera.

Entonces, ¿evitar el dolor está por encima del miedo a la soledad?

El tema de la soledad, en mi opinión, se extiende mucho más allá de la persona. Atender este problema también es un asunto que atañe a las instituciones. En España se hizo un estudio en 2024 que concluía que 1 de cada 5 personas sufría soledad no deseada, siendo muchos de ellos, jóvenes con vínculos online, y otro porcentaje muy alto se registró entre las personas mayores. En este caso, el origen de ese sentimiento de soledad era la falta de propósito cuando llega a su fin la vida laboral.

¿Tan estrecho es el vínculo entre la soledad y el trabajo?

Así es. En una sociedad como la nuestra que premia la productividad, la identidad de las personas depende mucho del trabajo que realizan. Por eso, me gusta remarcar el hecho de que el propósito de las personas no depende de su trabajo, y, además, va cambiando a lo largo de la vida en función de los acontecimientos y circunstancias.

Samartin Veiga es doctora en neurociencia y psicología clínica. 
Samartin Veiga es doctora en neurociencia y psicología clínica. Lorena do Merlo

Uno de esos cambios a los que hay que adaptarse es la jubilación…

Sí. Para ello, lo ideal es ir preparándose durante toda la vida. La clave está en ser consciente de que tu identidad no es solo la producción, que hay más esferas en tu vida, además del trabajo. La idea es que tienes que ir regando cada día todas esas esferas para que cuando el trabajo falte, tu vida se sostenga gracias a esas otras parcelas de tu vida, como son las aficiones, los viajes, tu mundo interior…

Pasar a ser jubilado, ¿pone a prueba el propósito de vida que teníamos hasta entonces?

En muchos casos, sí. Para vivir una jubilación plena y satisfactoria es necesario entender el concepto de felicidad. En el libro hago muchas referencias al momento en que estaba escribiendo los capítulos sobre los pilares para recuperar el equilibrio. Ocurrió que me agobié tanto al añadir la escritura del libro a todo lo que estaba haciendo hasta entonces que decidí coger una autocaravana y pasar unos días en Finisterre. Allí tuve la oportunidad de observar a las personas jubiladas que encontré. Al verlas me preguntaba qué es lo que estaban priorizando en ese momento vital y cuál era su modo de vivir. En esta reflexión, y trayéndolo a los estudios sobre la felicidad, concluí que esta no es un estado permanente, sino que se va construyendo. Además, según los expertos, la felicidad depende de dos factores, uno hedónico, compuesto por los placeres de la vida (una conversación, un paseo, una taza de café…); y otro eudaimónico, que hace referencia al propósito vital, es decir, aquello con lo que tú te sientes realizado. La cuestión es que ese propósito no es el mismo en cada etapa de la vida, y por supuesto, incluida la jubilación.

La clave [para la jubilación] está en ser consciente de que tu identidad no es solo la producción, que hay más esferas en tu vida, además del trabajo

Noelia Samartin Veiga

Así que, lo que te hace feliz a los 30, no es lo mismo que a los 60 años…

Exacto. Por eso, es crucial ser consciente de tus valores en cada momento vital. Es importante saber qué es lo que te hace sentir bien y pensar en cómo llevarlo a la práctica de tal manera que contribuyas a la sociedad. No tiene que ser una contribución muy grande, puede ser simbólica. Se puede ayudar a las personas de tu vecindario, cuidar más a la familia, escribir un libro… Hay muchas cosas que se pueden hacer, lo importante es mantenerse ilusionado por algo, y que esa ilusión sea acorde con lo que para ti es importante. También es fundamental mantenerse activo y evitar la soledad, ya que los vínculos sociales, tal y como ha quedado demostrado en numerosos estudios, son clave para la salud física y cognitiva de las personas mayores.

Además del temor al dolor o a la soledad, imagino que la adultez tardía también trae consigo cosas más positivas, ¿no es así?

Claro. Una de ellas es no tener que demostrar en el trabajo lo que valemos. Sin embargo, no siempre estamos en disposición de ver esta ventaja. Por tanto, no hay que sentir culpa si no experimentamos esa sensación. Me gusta que la gente entienda que esta etapa de la vida es una ventana de oportunidad para conocernos. Sin embargo, también hay que ser conscientes de cuál es el panorama y cuál es la actitud de una parte importante de la sociedad al respecto. En este sentido, resulta muy interesante el estudio publicado en la revista Science en el que se comprobó que el 67 % de los hombres, y el 25 % de las mujeres, preferían recibir una descarga eléctrica antes que estar 15 minutos sentados sin hacer nada, solo con sus pensamientos.

Sorprendente… y muy revelador.

Cierto. Por ello, teniendo en cuenta esta aversión generalizada a no hacer nada, es normal que cuando salimos de la etapa laboral y aterrizamos en la jubilación, haya una fase de ajuste. Se trata de un período de duelo, tanto por la actividad que ha concluido, como por la desaparición de la identidad que hemos dejado de ser. Una vez transitamos este duelo, si nos permitimos pensar qué nos puede dar esta nueva etapa de la vida que comienza, se abre la ventana de oportunidad que comentaba antes y que nos sirve para explorar nuevas posibles identidades y aprender a vivir un poco más despacio.

Volvemos al ritmo más suave de la generación de nuestros abuelos…

Así es. En el libro explico cómo mi abuelo podía pasarse toda la tarde atando las vides, y lo hacía a un ritmo que nos ponía a todos muy nerviosos. Sin embargo, pasado el tiempo te das cuenta de que no necesitas ir deprisa para hacer una rutina productiva. Percibes que funciona igual. Simplemente, hay que decirle al cerebro que no pasa nada por ir más despacio.

Hay que decirle al cerebro que no pasa nada por ir más despacio

Noelia Samartin Veiga

En su libro, uno de los cuatro caminos de vuelta al equilibrio es la coherencia. ¿Cree que es más fácil ser coherente con uno mismo en la juventud o en la vejez?

Yo creo que en ambos momentos es posible. Ahora bien, cada etapa tiene sus pros y sus contras. En la juventud, por un lado, se tiene más valor para dar un giro en la trayectoria vital debido a la inconsciencia de las consecuencias de nuestras decisiones; y por otro, se tiene miedo a la incertidumbre de no saber qué pasará si me convierto en otra persona. Mientras que en la adultez tardía ocurre lo contrario; llevas tanto tiempo siendo de una manera que, aunque ahora la sociedad te permita ser lo que quieras, lo habitual es que aparezca el miedo a ser otra persona, a perderse a sí mismo. Son dos miedos distintos. Aun así, las dos etapas son buenas para ser coherente con uno mismo y permitirse probar y decepcionarse.

Has venido a vivir es una invitación a ser más y hacer menos. En el caso de los lectores que ya han pasado varias etapas de su vida, ¿cuál es el mensaje que le gustaría que extrajeran de su libro?

Para mí lo primordial es que sepan que lo importante es organizar sus valores para vivir tranquilos en la etapa de la vida que están viviendo, una etapa diferente, ni mejor, ni peor. Solo hay que intentar vivirla de la manera más plena y serena, con el contexto que tengo y las capacidades que poseo. El mensaje es: “Haz tuyo el discurso externo que te exigen los demás”.

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