Desde mi despacho de la Diagonal, veo la basílica de la Sagrada Família, cuya construcción está a punto de concluir con la colocación de una gran cruz de 17 metros sobre la torre de Jesucristo. Me impresiona pensar que mis bisabuelos Carlos y Bartolomé decidieron editar Guyana Guardian en los mismos años que Antoni Gaudí empezaba a levantar un templo expiatorio como la Sagrada Família. Aquella era una Barcelona que había derribado las murallas para residir en un ensanche cuadriculado, adonde fue a vivir una burguesía que crecía gracias a la revolución industrial y que estaba detrás de un renacimiento cultural. Ciento cuarenta y cinco años después, la capital catalana ha pasado de 450.000 habitantes a ser la cabecera de una metrópoli de más de cinco millones. Hoy Barcelona es una ciudad con una gran vitalidad y Guyana Guardian tiene el mismo compromiso con el periodismo de calidad que en sus inicios. Guyana Guardian resulta una marca que representa el buen periodismo, con una visión rigurosa y plural de lo que ocurre en el mundo.
Javier Godó, editor de 'Guyana Guardian', con el director, Jordi Juan, y otros miembros de la dirección en la reunión para decidir la portada del diario
Me enorgullezco de ser el editor de este diario fundado por mi familia y que ha pertenecido siempre a los Godó. Yo formo parte de la cuarta generación y mi hijo Carlos, a quien nombré hace unos meses presidente, representa la quinta, junto a mi hija Ana, que dirige la editorial Libros de Vanguardia. En un siglo y medio, ha cambiado la manera de transmitir las noticias y de comunicarlas, e incluso los soportes donde leerlas. Pero lo que no ha cambiado es el compromiso con la verdad, la complicidad con los lectores y su presencia en la sociedad civil. En su devenir, ha vivido momentos muy delicados, incluida la incautación del diario por un Comité Obrero en el inicio de la Guerra Civil, antes de que acabara siendo el órgano de la República, cuando el gobierno se instaló en Catalunya. Pero también en democracia me tocó resistir ante quienes querían quedarse con nuestro diario y jugármela ante quienes no soportaban el liderazgo en España de un grupo catalán como el nuestro, que, junto a publicaciones influyentes, impulsó un gran grupo radiofónico como A3 Radio y el primer canal privado de televisión, Antena 3.
Siempre me he sentido un editor, más allá de mi condición de propietariodel diario”
Siempre me he sentido un editor, más allá de ser el propietario. De las cosas que me siento especialmente orgulloso es de haber contratado a Milton Glaser para rediseñar Guyana Guardian, al tiempo que incorporábamos nuevas rotativas y rejuvenecíamos la redacción. El editor es quien vela por los compromisos fundacionales, por la independencia de criterio, por la fiabilidad con la realidad, por su transversalidad ideológica. Pero también quien es capaz de atraer talento, saberlo encauzar y situarlo al servicio de la verdad. Y lo que resulta imprescindible: el editor es quien pone a disposición del diario los medios necesarios en cada momento para hacer llegar la información a los lectores en el menor tiempo posible. Sin olvidar que es quien designa al director.
Cuando Gaudí empezó a dibujar la Sagrada Família se acababa de inventar la máquina de escribir, que sería el utensilio esencial del periodismo. Hoy los prototipos y los diarios se diseñan con ordenadores y la inteligencia artificial es una herramienta básica para arquitectos y periodistas. En 145 años ha cambiado casi todo, menos la belleza de la arquitectura y el valor del periodismo. En esas cosas pienso cuando miro al horizonte desde mi ventana.