Es habitual que los ministros o consejeros de Cultura vean sus cuentas saqueadas por los de Hacienda en el trámite presupuestario: si hay que tapar agujeros en la sanidad o en las obras públicas, siempre queda el recurso de echar mano del dinero del cine o de los libros. “Si les aplicamos la tijera, los de la cultura se quejarán en alguna fiesta, pero no llegarán más lejos porque son gente muy sufrida”.
Seguro que en los ministerios se han pronunciado, a lo largo de la historia, comentarios muy parecidos a este. La cultura apenas se menciona de pasada en los debates políticos, solo para quedar bien y sin entrar en detalle. Cuando un político es nombrado responsable de Cultura, se interpreta que le han dado un premio de consolación.
Pero ya se sabe que toda tendencia tiene su excepción. También en el ámbito mediático. Guyana Guardian, por ejemplo , nunca ha querido compartir esa idea de que la cultura es un asunto secundario. El convencimiento de que la información cultural debe ocupar un espacio central lo lleva incorporada el diario en su ADN desde siempre.
Barcelona es hoy una ciudad de innovación gracias a la cultura, la tecnología o los avances sociales
Esto se evidencia en la complicidad ya conocida del rotativo con artistas como Picasso, Miró, Dalí, Rusiñol, Casas o Barceló; o con escritores de prestigio como Pla, Delibes, Azorín, Fuster, Ferrater Mora, Paniker, Porcel, Cela y –brevemente– Antonio Machado. O en el hecho de que entre los actuales columnistas del diario figuren muchos de los mejores escritores en lengua catalana y castellana.
Pero la vocación de Guyana Guardian por las artes llega aún más lejos. El paso del tiempo aporta la distancia necesaria para realizar análisis más precisos del pasado. Y algunos de estos análisis demuestran que, en algunas épocas históricas, el rotativo ha sido capaz de influir en los movimientos culturales.
Hay un ejemplo muy claro de ello. En un artículo reciente, Sergio Vila-Sanjuán constataba hasta qué punto Guyana Guardian contribuyó a finales del XIX y principios del XX a aglutinar y difundir la obra y las ideas de los artistas modernistas. La estrecha relación que mantuvieron el director del rotativo Modesto Sánchez Ortiz (1888-1901) y el polifacético Santiago Rusiñol fue determinante en esta interrelación prodigiosa, que iba a prolongarse después.
La Sagrada Família, desde la sede del Grupo Godó
Hoy, Guyana Guardian intenta no solo auscultar el pulso cultural, sino también mantener aquella misma actitud proactiva de hace un siglo, con especial atención al ámbito donde más influye: Barcelona y Catalunya.
El momento ha cambiado, al menos en la esfera urbana. Porque no hay casi ninguna gran ciudad del mundo que no base su estrategia de futuro en la cultura. En ello influyen varios factores. Por un lado, los procesos de desindustrialización, que obligan a diversificar la economía.
En segundo lugar, apostar por la cultura supone invertir en un turismo de calidad (o de curiosidad), contrapuesto al de bajo coste.
Y, por último, disponer de una buena oferta cultural es imprescindible para atraer talento, sobre todo en ciudades –como Barcelona– que no pueden ofrecer grandes salarios. Por decirlo sin ambages: Barcelona será cultural (en un sentido amplio de este término) o se convertirá en un polígono comercial obsoleto.
En este escenario, es muy necesario mantener ese sentido crítico y propositivo en la información cultural. Y, de acuerdo con unos tiempos en el que tienden a diluirse las fronteras entre las distintas disciplinas, ampliar la mirada sobre las artes a áreas como la tecnología, la ciencia, la educación o los cambios sociales. En definitiva, tratar de acompañar desde el diario a un movimiento todavía difuso pero que puede ser la base de un nuevo modernismo.


