Empresas españolas en territorio Donroe

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Repsol, BBVA, Iberdrola o Telefónica tienen sus propios intereses en eso que Trump llama el Hemisferio Occidental

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Trump apunta a Groenlandia tras su operación en Venezuela

Donald Trump en una de sus características gesticulaciones 

Reuters

La primera semana del año ha servido para explicitar con la contundencia de un comando Delta Force la recién restaurada doctrina Monroe, ya saben, la que convierte América en un enorme patio trasero de Estados Unidos. A Donald Trump le ha bastado un juego de palabras para poner al día este viejo planteamiento estratégico, para descargar un actualizado software trufado de alusiones al petróleo y el narcotráfico. “La doctrina Monroe es importante, pero la hemos superado con mucho. Ahora la llaman la doctrina Donroe”, afirmó al poco de capturar a Nicolás Maduro, mientras enfriaba las esperanzas de rápida democracia de millones de venezolanos. El término Donroe en realidad no lo ha inventado Trump, sea dicho. Lo acuñó hace cerca de un año el tabloide New York Post, propiedad de Rupert Murdoch y asiduo a las portadas sensacionalistas sobre crímenes cometidos por inmigrantes. Ha tenido éxito, por lo que se ve.

Donroe es quizá el neologismo del momento, como atestigua esto de Lluís Uría. Si la Fundéu eligiese palabra del mes, tendría opciones. Viene de Monroe y de Donald. A un lado del término, James Monroe, el presidente de Estados Unidos que en 1823 fijaba en un discurso sobre el Estado de la Unión una nueva consigna: cualquier intervención extranjera en los asuntos americanos será interpretada como un acto hostil contra Estados Unidos. Al otro lado, Donald Trump, entregado a una renovada retórica sobre los reforzados intereses de la Casa Blanca en todo el continente, América muy del norte, del medio y del sur incluidas. Un golpe de autoridad en la mesa del conocido como Hemisferio Occidental, esa franja de intereses estadounidenses que se extiende entre Groenlandia y las tierras raras de la Patagonia, con parada en las aguas del ahora llamado golfo de América y capital imperial en Mar-a-Lago ciudad de vacaciones. Territorio Donroe. China y Rusia toman nota, quizá dispuestas a respetar el patio trasero de Estados Unidos, quizá tentadas a tomar el control del propio.

¿A qué viene todo esto? Es un capítulo menor, pero las empresas españolas también tienen en América una de sus grandes áreas de influencia. Ahora que Trump fuerza un nuevo clima político con desconocidas derivadas económicas, las aventuras empresariales en el continente merecen ser repasadas. Son al fin y al cabo las propias compañías las que deberán descifrar el próximo juego de intereses en la región. Es posible que encuentren oportunidades en condiciones de libre mercado. Es también posible que queden relegadas si las preferencias se decantan por otros operadores estratégicos. Por lo pronto, el periplo de las empresas españolas en Latinoamérica da para una breve pero hilada historia. Pueden incluso diferenciarse tres grandes etapas a lo largo de los últimos treinta años.

Uno. Los años noventa y los reyes de la privatizaciones. La oleada privatizadora en España desde mediados de los noventa coincidió con otra de mayores dimensiones en Latinoamérica, motivada en parte por la fuerte deuda de los países y acompañada de cierto malestar social. Las empresas españolas fueron especialmente rápidas al posicionarse y adquirir una fuerte presencia en la zona, considerada un espacio natural para su expansión. El idioma y los fuertes lazos culturales catalizaron el despliegue. En este estudio de la Universidad de Georgetown sus autores calculan que entre 1997 y el 2000 cada año entre 60 y 70 empresas españolas invirtieron de media en Latinoamérica. Dedicaron unos 30.000 millones de euros a sectores tan estratégicos como la energía, la banca y las telecos.

La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner expropia el 51% de YPF en manos de Repsol

Cristina Fernández de Kirchner al expropiar a Repsol el 51% de YPF en el 2012

LV

Un rápido listado de ejemplos. Repsol se hizo en dos tiempos en 1999 con la argentina YPF, primero con la toma del 15% y luego con una opa. Fue la plataforma para hacer de Repsol YPF una de las grandes petroleras en Latinoamérica. Con Feliciano Fuster y Rodolfo Martín Villa como presidentes, Endesa no perdió comba de las privatizaciones energéticas y se convirtió en uno de los principales operadores de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú. El Santander, que desde 1947 apenas tenía una oficina de representación en La Habana, invirtió en los noventa miles de millones para fusionarse en Colombia con el Banco Comercial Antioqueño y abordar adquisiciones en Brasil, México, Chile y Colombia. BBVA también inició en aquellos años un desembarco gradual, sobre todo en México, Argentina y Chile. Tanto Unión Fenosa como Gas Natural, las dos empresas antecesoras de Naturgy, adquirieron presencia en la distribución de electricidad y gas. Por ahí aparecieron además Iberdrola y una larga lista de compañías como Dragados, Abengoa, Mapfre, FCC, Meliá, Indra, OHLA, ACS, Ferrovial o Barceló. Las empresas españolas habían tomado Latinoamérica y el boom continuó en los primeros años de siglo. En torno al 2004, Venezuela era el cuarto país del mundo al que más inversión española llegaba, según el Icex.

Dos. Los años diez: crisis y renacionalización. Ironías del destino, la pérdida de parte del peso específico de las empresas españolas en Latinoamérica coincidió con una importante crisis financiera en la antigua metrópoli. En esta ocasión, España no había quedado invadida por Napoleón sino por las subprime, las primas de riesgo y los hombres de negro. Mientras se indigestaba la burbuja del ladrillo, varios países latinoamericanos viraban el rumbo y expropiaban activos, a menudo a costa de un deterioro de la seguridad jurídica, otras con acuerdo mediante. Fue el 2012, el año en que el Gobierno de Mariano Rajoy pedía el rescate para la banca, el más activo en renacionalizaciones al otro lado del Atlántico.

El caso más sonado fue el de YPF. Primero el Gobierno de los Kirchner promovió la entrada en el capital de un empresario afín, Enrique Eskenazi, con un 25%. Luego, en abril del 2012 y con una muestra de petróleo enfrascada en un tubito Cristina Fernández de Kirchner anunció desde la Casa Rosada la expropiación de YPF. Desde Repsol siempre creyeron que el descubrimiento seis meses antes de los enormes yacimientos de Vaca Muerta precipitó la nacionalización, que dio origen a un conflicto judicial resuelto años después con el pago amistoso de 5.000 millones de dólares en bonos soberanos argentinos.

Dos soldados muestran una bandera boliviana en la sede de Electropaz, filial boliviana de Iberdrola.

Dos soldados bolivianos en Electropaz, filial de Iberdrola, en el 2012.

LV

También resulta memorable lo ocurrido con Endesa en Latinoamérica, aunque el origen de la retirada fuese distinto. Unos años después de comprar la compañía española, Enel decidió en el 2014 transferirse los activos latinoamericanos de Endesa en la región. Una operación intragrupo en la que la matriz italiana reemplazó a la española como una de las mayores compañías energéticas del subcontinente. Desde Roma, accionando utilería de España, se operaba en América.

El retroceso de las empresas españolas durante la década pasada en la región incluyó otros dos episodios. En el 2012 el Gobierno de Evo Morales expropió las cuatro filiales de Iberdrola en Bolivia y la de Red Eléctrica Española (REE), con despliegue incluido de las Fuerzas Armadas. Hubo acuerdo amistoso de compensación. Tiempo después, en el 2016, el Gobierno colombiana intervino la filial de Naturgy, Electricaribe, ante sus problemas para prestar el servicio en la costa del Caribe. La empresa española recurrió en los tribunales y perdió. Mientras, Iberdrola o Santander emprendían una silenciosa reordenación para concentrarse en el mercado con mayor potencial, el brasileño.

Tres. Nuevos actores en el corazón del imperio. La sorpresa más reciente ha sido la fuerte apuesta inversora española en Norteamérica, protagonizada sobre todo por empresas de infraestructuras. Durante la crisis económica, ACS, Ferrovial, Acciona o Sacyr hicieron de la necesidad virtud y se lanzaron a por oportunidades en Estados Unidos, necesitada de renovar sus infraestructuras. Entre el 2018 y el 2024, las inversiones españolas en el país superaron los 60.000 millones de euros, según datos del Icex. En este tiempo ACS ha emergido como primera constructora mundial, muy apoyada en la filial estadounidense Turner, que tan pronto levanta centros de datos para Meta como un estadio de fútbol americano. Ferrovial construye la terminal 1 del aeropuerto JFK en Nueva York y se ha convertido en la primera empresas española de origen español en cotizar en el Nasdaq 100. Más de la mitad del negocio de las grandes constructoras españolas se encuentra hoy en Norteamérica.

A todo esto, Santander se ha propuesto crecer con fuerza en Estados Unidos a través de Openbank. Sin embargo, la aventura empresarial en el país sigue teniendo como protagonistas a compañías no tan evidentes. Una de ellas es Acerinox, que fabrica acero de alta calidad en Kentucky y ha comprado un proveedor de piezas para la industria aeroespacial. Otra es Grifols, que tiene plantas de referencia en hemoderivados en Carolina del Norte y California. Y otras son los proveedores de automoción, con las fábricas de Antolin o Gestamp como avanzadilla.

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Ignacio Madridejos y Rafael del Pino en el debut de Ferrovial en el Nasdaq 

EFE

¿Y ahora? ¿Qué pueden esperar las empresas españolas en territorio Donroe? Las políticas MAGA llevaban tiempo ocupando sus expectativas. Ahora tendrán que ampliar la reflexión a todo el continente.

Visto lo ocurrido en los últimos días, tres últimos apuntes sobre la marcha de las empresas españolas en el conjunto de América:

Uno: movimientos en ambas direcciones. Como ejemplo, Aena se hizo en el 2022 con once aeropuertos en Brasil, convertida desde entonces en su segundo mayor mercado, por detrás de España. México, la economía de habla hispana más potente de América, persiste como destino predilecto junto a Brasil, con compañías como BBVA o Acciona bien asentadas. Allí Iberdrola vendió el año pasado sus activos energéticos, pero el comprador es español, Cox. Telefónica se encuentra en cambio de salida en Latinoamérica. Su presidente, Marc Murtra, ha completado la desinversión en Argentina y prevé vender los activos restantes como parte del nuevo plan estratégico.

Dos: el estado de la cuestión de las empresas españolas en Venezuela. Como cuenta aquí Pilar Blázquez, el país dejó de interesar hace años. La corrupción, la mala gestión y la ausencia de seguridad jurídica ya había espantado la inversión. Sin embargo, las pocas compañías que quedan operan en sectores muy estratégicos, con mención especial a Repsol. Es una de las tres petroleras extranjeras en el país, que alberga las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Lleva desde el 2016 sin cobrar por sus operaciones, lo que Caracas compensa con el trueque de cargamentos. La deuda del Gobierno venezolano con la empresa española ronda ya los 1.000 millones de euros, a lo que se suma la revocación hace un año por parte de Estados Unidos de los permisos para exportar el petróleo del país. Este mismo viernes Repsol se reúne junto a otras petroleras en la Casa Blanca con Trump para analizar el plan de inversiones en Venezuela.

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Tres: ¿Qué pasa con el dólar? Esta información de Enric Jualiana tiene especial interés: China llevaba un año comprando petróleo de Venezuela sin usar el dólar como moneda de cambio. Lo hacía mediante el renminbi chino y criptomonedas. Dicho de otro modo, una gran potencia mundial y un productor estratégico de crudo estaban soslayando en Venezuela la hegemonía del dólar como referente en las grandes transacciones internacionales. A eso se suma la pérdida de confianza en la divisa estadounidense debido entre otros motivos al rampante déficit fiscal de Estados Unidos y al ansiado control de la Reserva Federal por parte de Trump. El dólar ya llevaba años perdiendo peso como reserva internacional de divisas y ahora la tendencia podría acelerarse. ¿Estamos ante el comienzo de su decadencia?

Por lo pronto, como cuenta aquí Gabriel Trindade, el dólar se devalúa. Sus efectos son múltiples: más inflación e importaciones más caras en Estados Unidos, encarecimiento de las exportaciones de la UE o un petróleo más barato para países como España --el Brent y el Texas se compran en dólares--. Hay también una consecuencia para las empresas españolas que operan en la capital del territorio Donroe: sus beneficios en Estados Unidos tendrán un menor efecto sobre la cuenta de resultados, debido a la devaluación de la moneda a la hora de repatriarlos. Este contratiempo puede empezar a notarse en los resultados anuales que comenzarán a publicar en pocas semanas. Para las compañías instaladas en el corazón del imperio, operar en Estados Unidos debería haber supuesto un revulsivo, pero la inflación en parte motivada por los aranceles, la devaluación del dólar y el clima de deterioro institucional juegan por ahora en su contra.

Nada más. La Historia es a veces un juego de espejos. Mientras Monroe fijaba su doctrina en 1823, las antiguas colonias españolas empezaban a caminar solas. Habían ganado su independencia aprovechando la invasión napoleónica de la metrópoli y el ejemplo de libertadores como Bolívar en Venezuela. En aquel 1823 en que se formuló la doctrina Monroe, Fernando VII se dedicaba en España a restaurar el absolutismo y a inaugurar una década ominosa. Si el ímpetu reaccionario llegaba en octubre a España, muy poco después, en diciembre, Monroe pronunciaba el discurso que guiaría parte de la política exterior estadounidense hasta la actualidad. La pérdida de las colonias españolas, con parada final en Cuba en 1898, es también un reemplazo de una potencia incapaz por otra mucho más poderosa y decidida a imponer sus intereses a un amplio grupo de países latinoamericanos. Durante el mandato de Monroe, Estados Unidos compró Florida, donde hoy se levanta Mar-a-Lago. Hoy Trump desea comprar Groenlandia. De lo que no hay constancia es de que Monroe hubiese valorado la posibilidad de movilizar las Delta Force para sacar en helicóptero a Fernando VII del Palacio Real. Tampoco habría estado tan mal.


Otras noticias de la semana

Maarten Wetselaar, consejero delegado de Cepsa, con su nuevo logo y nueva denominación de la compañía.

Maarten Wetselaar, consejero delegado de Moeve 

LV

· Moeve y Galp: un nuevo gigante “panibérico”. La antigua Cepsa, propiedad del fondo de Abu Dhabi Mubadala y la firma estadounidense de capital riesgo Carlyle, fusionará junto a la mayor petrolera portuguesa, controlada por la familia Amorim y el Estado, los negocios de refino y de estaciones de servicio en la península. Según dicen, el plan es participar en la ola de consolidación y búsqueda de gigantes europeos, en línea con el informe Draghi y los nuevos planes de la Comisión Europea.

· El presidente de Indra, en Baqueira Beret. Como cuenta aquí Manel Pérez, el presidente de Indra, Ángel Escibano, ha sido uno de los invitados estrella a la cena que cada año organiza el financiero Manel Torreblanca en su residencia de la población pirenaica de Baqueira Beret con empresarios relevantes. Escribano tiene interés por Catalunya.

· Nvidia y la insaciable demanda de chips.  En el último Sin Burbujas, Elisenda Vallejo hace un repaso de los planes del fabricante estadounidense y de su competencia en el mercado de los semiconductores, que mantiene buenas previsiones para este año.

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