Los lefebvrianos plantean un pulso al Vaticano pese a las advertencias de cisma

Religión

La fraternidad tradicionalista prevé ordenar nuevos obispos sin el permiso del Papa el próximo mes de julio

Reunión del cardenal Victor Fernández con los lefebvrianos

Reunión del cardenal Víctor Manuel Fernández con el superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani, en Roma 

Vaticano / Cedida

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, la congregación católica tradicionalista fundada por Marcel Lefebvre en 1970 que impugna el Concilio Vaticano II, anunció esta semana que mantiene en pie los planes para ordenar a sus propios obispos en julio. Un desafío en toda regla al papa León XIV que llevó al Vaticano a advertir que en caso de materializarse la consagración de los nuevos prelados incurrirían en un cisma y se rompería la comunión con Roma.

La congregación desveló sus intenciones a principios de mes y el pasado 12 de febrero hubo una reunión en Roma entre el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández –nombrado por Francisco, y muy criticado por los conservadores–, y el superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani, para tratar de acercar posiciones y evitar la ruptura. En esa cita, el Vaticano se prestó a abrir una vía de “diálogo teológico” para buscar “los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia Católica” a condición de que los tradicionalistas suspendieran la ordenación de nuevos prelados.

En su comunicado, el Dicasterio hablaba de un clima “cordial y sincero”. Pero también advertía que ordenar obispos sin el aval de León XIV, que es quien tiene la potestad, “implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto”.

Tras unos días de reuniones internas, los lefebrvianos respondieron a Roma que no hay marcha atrás con las ordenaciones episcopales. El propio Pagliarani remitió una misiva al cardenal Fernández el miércoles de Ceniza –se publicó el jueves– en la que comunicaba que la congregación sigue adelante con la consagración de los obispos. Un hecho que apunta al cisma si no hay un cambio de guion en los próximos meses.

Roma pidió que se suspendan las ordenaciones episcopales para abrir una vía de diálogo

Fue el 2 de febrero cuando el superior de los tradicionalistas, durante un extenso sermón, anunció que ordenarían nuevos obispos tras un largo periodo de reflexión. “Creemos que ha llegado el momento de pensar en el futuro de la Fraternidad San Pío X, en el futuro de todas las almas, a las que no podemos olvidar, a las que no podemos abandonar y, sobre todo, en el bien que podemos hacer a la Iglesia”, argumentó Pagliarani, que dijo también que no quería “desafiar a la Iglesia” y que le gustaría, antes del 1 de julio, tener una reunión con el papa León XIV.

La petición de esa cita no es nueva. En agosto ya cursó esa solicitud al obispo de Roma y también le comunicó por carta la “necesidad” de asegurar “la continuidad del ministerio de sus obispos”.

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Asimismo, ya había reclamado en el 2019 a la Santa Sede un diálogo sobre cuestiones doctrinales. Con todo, ante la posibilidad que se abría ahora, los tradicionalistas consideran que no están en condiciones de aceptar y se quejan de que la Iglesia, de antemano, esté dispuesta a adoptar sanciones. “La mano tendida para la apertura al diálogo va acompañada, lamentablemente, de otra mano ya dispuesta a infligir sanciones”, se quejan en la réplica a Roma.

En la carta, Pagliarani celebra la “nueva apertura al diálogo” pero añade que no pueden aceptar “por honestidad intelectual y fidelidad sacerdotal, ante Dios y ante las almas, la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo”. “Ni tampoco el aplazamiento de la fecha del 1 de julio”, prosigue el clérigo, que reconoce que no hay vías de entente con Roma. “Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II”, afirma Pagliarani, que remarca que no hay “una simple divergencia de opiniones” porque, a su juicio, hay “una ruptura con la Tradición de la Iglesia” en estas últimas décadas.

“No veo cómo un proceso de diálogo común podría conducir a determinar conjuntamente cuáles serían ‘los mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia católica’, ya que, como usted mismo ha recordado con franqueza, los textos del Concilio no pueden ser corregidos”, remata el superior de los lefebvrianos.

Juan Pablo II en 1988 excomulgó a los prelados de Lefebvre y Benedicto XVI los readmitió en el 2009

En cualquier caso, León XIV ha tenido gestos con los sectores más conservadores de la Iglesia en cuanto a la liturgia –no así en otros ámbitos–. Sin ir más lejos, el año pasado, durante la celebración del Jubileo –en el que también participaron a finales de agosto los lefebvrianos–, el Papa permitió en la basílica de San Pedro una misa tridentina –en latín y ad orientem, de espaldas a los fieles– un tipo de liturgia a la que el papa Francisco puso coto en el 2021. De hecho, presidió la celebración el cardenal estadounidense Raymond Burke, uno de los opositores a Francisco en la curia junto a otros cardenales como Robert Sarah o Gerhard Ludwig Müller.

Que haya un cisma entre los lefebrvianos y Roma no es nuevo. En 1988 Lefebvre –que participó en el Concilio Vaticano II– fue excomulgado por Juan Pablo II tras ordenar a cuatro obispos sin autorización del Vaticano. En 1976 el prelado francés ya había sido suspendido a divinis por Pablo VI. Más adelante, Benedicto XVI intentó tender puentes con los tradicionalistas y en el 2009 levantó la excomunión a esos prelados. 

De aquellos cuatro obispos, hay dos que siguen vivos y vinculados a la fraternidad: el suizo Bernard Fellay y el español Alfonso de Galarreta. En enero del año pasado murió un tercero que había sido expulsado en el 2012 de la congregación por negar el holocausto, Richard Williamson, que acabó fundando otro movimiento de corte tradicionalista.

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