El sexo deja de ser un motivo para volar del nido
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Los jóvenes de hoy son muy diferentes de sus padres. No dan prioridad a las mismas cosas. Algunas, como el sexo, sorprenden. Otras como el trabajo y la estabilidad laboral, quizás no tanto. Entre una cosa y otra, cada día se van más tarde de casa

La dificultad de acceso a la vivienda y la inestabilidad de los vínculos amorosos afecta a la convivencia de las familias

Tradicionalmente, hemos oído hablar del síndrome del nido vacío. Esa sensación de soledad que sienten los padres cuando los hijos —por fin— se van del hogar familiar. Pero con las tasas de emancipación de los jóvenes por los suelos, solo un 15% de menores de 30 años vive fuera del hogar familiar, y si se tiene en cuenta que los jóvenes tienen que destinar más del 92% de su sueldo para alquilar solos y que uno de cada cinco de los que trabajan está en riesgo de pobreza, cada vez hay menos nidos vacíos y cada vez hay más nidos llenos o que vuelven a estarlo. De todas formas, hay de todo.
Los hay que no se van porque, como se ha dicho, no pueden; y otros no se largan porque no quieren, porque en casa de los padres lo tienen todo... Y gratis. Entre unos hijos que se van tarde y otros que regresan, los progenitores que en otro tiempo acusaban el nido vacío, esa nostalgia que silencia las casas con la marcha de los descendientes, ahora padecen el síndrome del nido lleno. El psicólogo Fernando Pérez Río añade otro factor, además de los estratosféricos alquileres: la inestabilidad de los vínculos amorosos. “Si un joven tuviera la certeza de que su relación es estable y duradera, se emanciparía con su pareja y buscarían el modo de salir adelante, pero el problema es que la inseguridad en el vínculo es altísima”.

Porque otra realidad que afecta a los jóvenes es que cada vez tienen más parejas, pero menos sexo. “Para los milenials y los boomers el sexo fue muy importante porque veníamos de unas sociedades más represivas y había que abrir camino; pero una vez abierto, para la generación Z es más importante el género o la orientación sexual”, resume la psicóloga y sexóloga Ana Lombardía. Ahora, ejercer la libertad sexual no es tan prominente; hay mucha diversidad de ocio y de actividades para hacer, lo que, sumado al estrés, hace que la práctica sexual no esté tan en el centro de las relaciones de pareja, ni siquiera de las que tienen proyecto de tener hijos. El sexo ha dejado de ser un motivo para volar del nido.
Los jóvenes de hoy en día no tienen nada que ver con sus padres, está claro. Anteponer el bienestar personal, la salud mental y también poder tener tiempo para el ocio, cuidarse y cuidar. Esta sería a grandes rasgos la filosofía de la quiet ambition (ambición silenciosa), una tendencia social que lideran los jóvenes, que se caracteriza por un cambio de prioridades vitales y en el que desarrollar una exitosa carrera laboral no es lo primordial si pasa por perder calidad de vida o vivir encadenado a la silla de la oficina. Esta actitud de no vivir por y para el trabajo cada vez se impone más como un modelo social y laboral.
· Meditación. La ciencia avala la meditación: reduce el estrés, el “ruido mental” e incluso el dolor físico. Las prácticas meditativas tienen un impacto directo en el bienestar físico y mental de las personas, así como en la prevención de diversas enfermedades y en la reducción del dolor.
· Madurar. Con la experiencia aprendemos a distinguir las vías muertas y pasar de largo, lo que se conoce como la etapa de la renuncia estratégica: “La felicidad consiste, entre otras cosas, en moderar las ambiciones”.
· Viajes de última oportunidad. Hablamos del turismo que explora el mundo condenado a desaparecer; la nueva tendencia del sector turístico consiste en visitar los ecosistemas que el cambio climático se llevará por delante más pronto que tarde: “Pagan por jugar a ser pequeños Amundsen”.
Y ADEMÁS

· Escuchadores de voces. Cuando tenía unos 9 años, Marta Torrent (57) empezó a ver una sombra con cierta frecuencia. A los 35 años, además de seguir viendo esa sombra, empezó a escuchar una voz. La mayoría de individuos que escuchan voces han pasado por uno o varios traumas durante su vida. “Son el eco de situaciones vividas”, asegura la psicóloga Susana Romero.
· Enfermedades raras. Las mujeres con enfermedades raras esperan dos años más que los hombres en recibir un diagnóstico. Las desigualdades de género en el ámbito de la salud siguen condicionando el acceso al diagnóstico, el tratamiento, la investigación y la atención sociosanitaria, y las enfermedades minoritarias no son una excepción
ENTREVISTA

· Ignacio Morgado. “La mayor ilusión que genera el cerebro es la de que vivimos en nuestro propio cuerpo”. Morgado es catedrático emérito de Psicobiología de la UAB. Lleva toda una carrera dedicado a desentrañar los misterios del cerebro y la conciencia.
INSPIRACIONES
· Coffee raves. Estos eventos triunfan entre los 'expats', los amantes de lo ‘healthy’, jóvenes y adultos que ya no quieren salir de noche, gente que viene de hacer deporte y madres o padres que se resisten a perder su vida social.
· Dejar de fumar. Sanidad financia un tratamiento contra el tabaquismo que se dispensa de manera oral durante 25 días. Se administra de manera oral, a través de un dosificador. Cada ‘puf’, que expulsa un líquido con sabor a menta, proporciona la cantidad de medicamento precisa directamente a la boca.
· Coros de mayores. El canto en grupo no solo les permite mantenerse activos y ejercitar la memoria, sino que también combate la soledad y refuerza los vínculos sociales, pues implica relacionarse, establecer rutinas, seguir unas pautas comunes y sentirse parte de un colectivo, algo fundamental para preservar las funciones cognitivas y el bienestar emocional a medida que envejecemos.