Operación Lego en Groenlandia
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Novo Nordisk y Maersk marcan el camino
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Al igual que Hamlet, Lego es danés

En Copenhague, la corriente de los canales muestra el camino hacia el mar. Eso es al menos lo que dice esta canción de Vetusta Morla, así que será verdad. A eso se puede añadir aunque no suene tan lírico que la globalización transcurre en los océanos y que las multinacionales danesas no se han quedado en tierra. Por eso, ahora que Trump ambiciona Groenlandia y que Dinamarca vive un momento existencial, quizá convenga echar la mirada a empresas como Lego, Novo Nordisk, Maersk o Carlsberg. Compañías globales nacidas en el reino de Hamlet que flotan en las intempestivas aguas del capital sin perder el control sobre la propiedad, algunas de ellas centenarias, otras dirigidas por interesantes fundaciones, casi todas de origen familiar, todas ellas bien afianzadas. Como de los canales de Copenhague y de los cuentos del también danés Hans Christian Andersen, de estas empresas también pueden extraerse evocaciones, moralejas sobre los peligros que nos acechan y alguna que otra analogía, como la que convierte a la UE en una figura de Lego. ¿Empezamos por ahí?
Operación Lego en Groenlandia. Vaya por delante el caso de este antológico fabricante de juguetes, con el que casi todos los europeos nos habremos entretenido en alguna ocasión. Forma parte de esta otra identidad colectiva europea alejada de la solemnidad, junto a las becas Erasmus, los exabruptos del presidente de Ryanair, la Champions o el espresso macchiato. Tan continental es este juego de construcción que la propia UE se comporta como eso mismo, como un enorme Lego en la juguetería mundial. Ambas, la compañía danesa y la UE, comparten dos propiedades que se muestran cruciales ahora que Bruselas define su lugar en el nuevo desorden mundial:
Uno. El deleite de la construcción. La primera propiedad compartida entre Lego y la UE es que el montaje ordenado y metódico de piezas es su razón de ser. Ambos son juegos basados en la adición de bloques, en la búsqueda de soluciones para encajar ladrillos de diferentes dimensiones y colores. Sí, Europa es un enorme y entretenido puzzle que, como ocurre con los Lego, pierde sentido una vez finalizada la tarea. Si un día concluyese la construcción de la UE, labor por otro lado infinita, no sabríamos qué hacer con ella. La misma sensación que al terminar una nave espacial de Lego y dejarla en una estantería.
Dos. Noción de fragilidad. La segunda propiedad es que ni la UE ni una figura de Lego pueden permitirse caer al suelo. Un mal golpe resultaría fatal, desperdigaría sus piezas. Los ladrillos están juntos, pero no pegados, y al quebrarse la unidad quedaría fragmentada sin remedio. Cómo recomponerla cuando el manual de instrucciones se hizo desde cero, añadiendo piezas sueltas, no inesperados bloques. De ahí la sensación de fragilidad del juguete de la UE que este niño consentido llamado Trump trata de romper. De ahí también la conciencia que la propia Europa ha tomado en torno a la importancia de su unidad en la crisis de Groenlandia.
Pese a su aparente debilidad, Europa se ha apuntado un éxito reciente al desplegar eso que podríamos llamar Operación Lego. La nave espacial de piececitas de colores de la UE en su versión de Star Wars ha logrado entrar hasta el corazón de la Estrella de la Muerte, hasta el centro nervioso del Imperio, hasta el despacho de Trump Vader.

Sucedió hace unos días. En su visita a Davos, Trump dio a entender que no usará la fuerza para arrebatar Groenlandia a Dinamarca y retiró su amenaza de aranceles a los ochos países europeos movilizados contra sus pretensiones. Como en otras ocasiones, el mensaje estuvo precedido del habitual reflejo de retirada del presidente de Estados Unidos, el ya célebre TACO (Trump Always Chickens Out, Trump siempre se acobarda), al notar el temblor de los mercados.
Sin embargo, esta vez ha sido distinto. Como comenta aquí Lluis Uría, los inversores europeos reaccionaron al grito de Sell America. El coste de la deuda se disparó, el dólar se depreció y la bolsa cayó con fuerza. La novedad es que el movimiento no fue el clásico reflejo homeostático del mercado, sino que demostró que Europa quizá no sea tan insignificante como nos hicieron creer. Como comentan aquí los analistas de XTB, tiene el 40% de la deuda pública estadounidense en manos extranjeras si se incluye Reino Unido. Una parte de esa enorme pradera norteamericana también le pertenece. Y eso le da poder para desestabilizar los mercados estadounidenses.
A eso se suman dos actuaciones contundentes. El fondo danés de pensiones AkademikerPension se deshizo de buena parte de su cartera de bonos estadounidenses y la Comisión Europea, alentada por Francia, amenazó con aplicar su mecanismo anticoerción contra los aranceles de Trump a los países contrarios a su injerencia en Groenlandia. Como indica aquí Anna Buj, es un bazuca comercial que puede hacer blanco en un punto neurálgico, el de los servicios digitales estadounidenses. En suma, esta construcción de bloquecitos ha demostrado contra todo pronóstico consistencia frente a los zarandeos. Citando a Xavier Mas de Xaxàs, Trump ha topado en Groenlandia con los límites del poder. Citando de nuevo a Lluís Uría, Trump los castiga y ellos se unen. Y citándolo una vez más, se cumple el proverbio africano: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Operación Lego.
¿Y cómo le va a Lego, a todo esto? En esta juguetería de musculosos He-Man y retocadas barbies trumpistas en que se ha convertido el orbe, algo habrá que comentar sobre la propia empresa danesa. ¿Qué podemos aprender de ella? Fundada en 1958, en Billund, en un pueblo de apenas 7.000 habitantes, Lego significa leg godt, juega bien en danés. A comienzos de los 2000 estuvo a punto de quebrar, pero reorientó a tiempo la actividad hacia el valor añadido. Ahora es una de las marca más valiosas y reconocibles del mundo gracias en parte a sus alianzas con Star Wars, Harry Potter o Marvel. Y a su capacidad para innovar. Ha creado 'ladrillos inteligentes' que emiten sonido al acercarse a otros y cuenta con once parques Legoland en todo el mundo. Todo ello mientras las piezas antiguas siguen encajando con las nuevas. Tradición y modernidad, como decimos los horteras. En el primer semestre del 2025 obtuvo ingresos de más de 4.600 millones de euros y beneficios superiores a los 870 millones. Ambos son récord. Por cierto, el principal accionista es el nieto del fundador. Ya saben: Lego, juega bien, respeta las reglas, busca aliados, innova, no renuncies a tu origen. ¿No es eso a lo que aspira la UE?
Dinamarca es mucho más que una tarde de legos y galletas de mantequilla. También es posible hallar inspiración en otras multinacionales locales, ahora que la globalización retrocede y el país asume un inesperado protagonismo internacional. Tres de ellas, Novo Nordisk, Maersk y Carslberg, luchan en las más exigentes batallas globales sin perder su identidad. Las tres están controladas por fundaciones locales. Las tres explican a su manera una porción de nuestro tiempo:

Novo Nordisk, Make America Thinner Again. En sus ocho años en Estados Unidos, la compañía ha logrado lo impensable, que millones de americanos bajen de peso. Todo un caso de éxito en la carrera por la innovación en la industria farmacéutica. La importancia de llegar el primero. No habrá conseguido acabar con el hambre en el mundo, pero sí con el apetito, lo que parece más rentable. Su Ozempic y sus productos para adelgazar Wegovy hicieron por momentos de Novo Nordisk la empresa más valiosa de Dinamarca y de la UE. Hace un par de años la mayor parte del crecimiento del PIB de Dinamarca llegó a proceder de sus fármacos. Todo ello, sin perder el control. La fundación sin ánimo de lucro Novo Nordisk tiene el 28% de la empresa y el 70% de los derechos de voto.
No obstante, el esplendor de Novo Nordisk se encuentra amenazado. Su patente ya ha comenzado a caducar en varios países y hay rivales como Eli Lilly o Roche muy dispuestos a llevarse parte del mercado, cuenta aquí Josep Fita. En año y medio su capitalización ha caído un 70%, la empresa ha sustituido a su consejero delegado, se han anunciado despidos y los precios de los medicamentos han caído. Vale ahora unos 140.000 millones, ya por detrás del fabricante holandés de máquinas de chips ASML, del grupo tecnológico alemán SAP o de Inditex, que vale por cierto unos 180.000 millones. Dicen los expertos que se abre un mundo de genéricos en torno a la reducción de peso, con tratamientos de apenas 15 euros al mes. La patente de Novo Nordisk, como la grasa corporal, se volatiliza. De ello hablan aquí Luis Federico Florio, y aquí recoge el más reciente batacazo en bolsa. El orgullo europeo en caída libre, asegura aquí Gabriel Trindade.

Decir Maersk es decir globalización. Otro ejemplo de gran empresa danesa es este titán del transporte marítimo. De nuevo, una empresa familiar en la primera línea de la globalización. Una compañía que, además, puede presumir de haber estado en el lado correcto de la historia y de haber contribuido a la derrota de la Alemania nazi. Fundada en 1886 por Peter Maersk-Møller --se casó con la hija de un naviero que le dio diez hijos y diez barcos--, la empresa ya tenía sus propios astilleros cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Al resultar Dinamarca invadida por Alemania, los propietarios se mudaron a Nueva York y pusieron los barcos al servicio de Estados Unidos. Tras la guerra, apenas les quedaban siete. Hoy Maersk es junto a la suiza MSC y por delante de la china Cosco la mayor empresa de transporte de contenedores del mundo. Si la globalización viaja por mar, esta compañía aún familiar la pone en movimiento. 140 años después, la familia sigue controlando a través de una fundación la compañía, que gana cerca de 6.000 millones de euros al año e ingresa unos 55.000 millones.
Por cierto, el negocio de Maersk tiene derivadas en España. Se ha hecho con el 51% del grupo logístico vasco Bergé, lo que le dará también más proyección en Latinoamérica, informa Ander Goyoaga. De lo que no hay noticias es de su plan anunciado en el 2022 de invertir 10.000 millones para desarrollar un complejo de hidrógeno verde en Andalucía y Galicia.
Carlsberg se adapta a lo más difícil. Un último ejemplo de centenaria empresa danesa aún controlada por la familia fundadora es esta cervecera creada en 1847 en Copenhague, cuyo nombre procede del hijo del fundador. El grupo es independiente y no forma parte de grandes conglomerados como AB InBev, pero eso no le impide ser el cuarto mayor fabricante de cerveza del mundo --tiene marcas como Kronenbourg y Baltika, la más bebida en Rusia--. ¿Cuál es su problema? Casi 180 años después de nacer afronta un imprevisto: los gustos han cambiado y sus clientes ya no beben tanta cerveza como antes. Si el éxito de Novo Nordisk se debió a nuestro deseo de vivir de manera más saludable, el negocio cervecero se ve amenazado por eso mismo.
Como proclaman aquí Piergiorgio Sandri y Noemi Navas, el consumo de cerveza se está enfriando a escala mundial. Le ocurre a otros grupos de la competencia. Esta misma semana, Heineken ha anunciado 6.000 despidos por el descenso en el consumo de su producto estrella. Carlsberg no es una excepción y lleva tiempo dándose a otro tipo de bebidas no alcohólicas, por la cuenta que le trae. Por primera vez, las ventas de cerveza han equivalido en el ejercicio recién concluido a menos de la mitad del total. Carlsberg, como las grandes cerveceras mundiales, parece hallarse en su momento Lego, obligada a reinventarse.
Nada más. Sobre el mundo de las empresas danesas, también hay una película con la que entretenerse, El jefe de todo esto, de Lars Von Trier. Cuenta la historia de un empresario que, por no dar explicaciones ante sus trabajadores, durante años les hizo creer que el dueño real era un inversor estadounidense. Como quiere vender la empresa, no tiene más remedio que contratar a un actor para que se haga pasar por eso mismo, por el jefe de todo esto. Y como buen actor en busca de salario emocional, el elegido no desperdicia la ocasión de ligar con las empleadas. La trama y el planteamiento humorístico dejan bastante que desear frente a otras referencias del género oficinístico como The Office o Mad Men, pero Lars Von Trier y su método Dogma --otro invento danés-- siempre merecen atención. Sus películas son también las de alguien que ha jugado a montar metódicamente ladrillitos de colores. Los ladrillitos de la creatividad. ¿Habrá jugado alguna vez Trump con ellos? Dice la leyenda que en las playas de Inglaterra todavía aparece de vez en cuando alguna pieza de Lego, procedente de un carguero hundido no muy lejos de allí hace algunas décadas. Llámenlo atentado medioambiental, llámenlo crimen de lega humanidad, pero tiene un punto poético pensar que en los océanos de la globalización flotan estos trocitos daneses de felicidad.
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· Los Escribano plantan cara a Moncloa en Indra. Los hermanos Ángel y Javier Escribano siguen defendiendo la fusión de Indra con su empresa, como cuenta aquí Manel Pérez. En su activo figura su experiencia industrial, sin la que creen que el gobierno no podrá crear la gran empresa del sector. Mientras, el PP amenaza con tumbar la operación entre Indra y Escribano, informa Fernando H. Valls.
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